Fedra —Mientras preparaba la pared, mi mente divagaba hacia el señor Alarcón. Luciano Alarcón. No me había dicho su nombre, pero sabía para quién estaba trabajando. Nunca me había imaginado lo guapo que sería en la vida real. Era alto, casi imponente, con hombros anchos y un cuerpo fuerte y musculoso. Su cabello castaño oscuro tenía matices de chocolate que parecían brillar con la luz. Sus ojos eran de un azul impactante, como el océano en un día soleado. Recordé cómo su traje hecho a medida abrazaba su cuerpo, acentuando los ángulos de su figura. Dejé que mi mente vagara, imaginando cómo la luz y las sombras jugaban sobre su rostro y cuerpo mientras le quitaba cada prenda. ¿Cómo se sentiría tocarlo? Mis dedos ardían por dibujarlo y luego dar vida a su imagen en el lienzo. Pero no que

