Cuando desabroché su pantalón, lo bajé por sus piernas hasta que su erección saltó libre. Me arrodillé y lamí la punta. Era tan grande y delicioso como lo recordaba. Gimió y aspiró entre dientes cuando lo tomé en mi boca. Moví la cabeza, deslizándolo dentro y fuera. La sensación de él en mi lengua y empujando contra el fondo de mi garganta era increíblemente erótica. Le acaricié los testículos, masajeándolo mientras aceleraba. —Jackie —dijo Christian con voz ronca. Bajé el ritmo y levanté la mirada hacia él—. Quiero terminar dentro de ti. Sus ojos estaban dilatados de deseo. Me puse de pie y Christian me quitó la blusa sin ceremonias. —Tienes demasiada ropa puesta —dijo al besarme de nuevo. Avanzamos tambaleándonos por la casa, quitándonos la ropa mientras íbamos, dejando un rastro

