Querida lectora, a continuación, la historia de Aurora y Richard AURORA —Aurora, te ves absolutamente ridícula. Empujé las gafas de montura gruesa hacia arriba por el puente de mi nariz y ajusté la peluca. —¿Pero parezco alguien que no soy? Lauren me observó desde el asiento del copiloto. —Sí, en realidad sí. Tu pequeño disfraz es ridículo, pero funciona. —Bien. —Me miré en el retrovisor y acomodé los rizos rubios y encrespados que llevaba puestos—. Me ayudarás a vigilar por si aparece mi papá, ¿verdad? No puede descubrir que estoy aquí. Lauren y yo salimos de mi viejo cacharro y nos quedamos en el área de césped que servía de estacionamiento, frente a la casa donde crecí. —Por supuesto que lo haré —dijo ella—. Pero todavía no entiendo por qué necesitas esconderte de tu padre. Ajus

