RICHARD —Después de varias horas en la sala de juegos, las niñas estaban medio dormidas. Incluida Aurora. Aparqué en el garaje y entramos a la casa por la cocina. Llevaba a Lily somnolienta en un brazo y al gran osito de peluche que Eva había ganado en el otro. Eva y Aurora me seguían, bostezando mientras caminaban. —¿Necesitas ayuda para subir a las niñas? —preguntó Aurora con sueño. —No, yo me encargo —reí—. De todos modos estás muerta de cansancio. Se apoyó en la encimera. —No tenía idea de cuánta energía se necesita para mantener el ritmo con niñas pequeñas. —Especialmente con estas dos. Aurora sonrió a Eva, cuyos párpados estaban tan caídos que apenas podía mantenerlos abiertos. Eva y Lily habían insistido en cenar en la sala de juegos. Comimos hamburguesas, y después, la emoci

