—¿Vas a ir? —Sí. Podrías usar el apoyo moral. Y no tienes que preocuparte de que yo hable con el juez Graves. —¿No? —No. Mantendré la boca cerrada. Y, Richard… buena suerte. —Gracias. Terminamos la llamada y lancé mi teléfono sobre la cama. Afuera, las luces de un auto entraron al camino de entrada. Observé desde la ventana cómo Aurora estacionaba, salía del auto y abría la puerta principal. Su hermoso rostro estaba rojo y con lágrimas. Y todo era culpa mía. Pero estaba cumpliendo su palabra y pasando la noche aquí. Tal como había acordado. Luché contra el impulso de bajar corriendo y confesarle todo. Había estado mintiendo cuando dije que no quería un futuro con ella. La amaba y no quería nada más que pasar mi vida a su lado. Pero eso solo la lastimaría a largo plazo. Era mejor

