SORAYA Me desperté en los brazos de César. Sonreí para mí misma al darme cuenta, su respiración lenta y constante mientras todavía dormía a mi lado… —¡Mierda! —grité de repente cuando mi cerebro volvió a conectarse por completo. Tenía una cita médica esta mañana y no tenía idea de qué hora era. Había puesto una alarma en mi habitación anoche, pero como no había dormido ahí, esa alarma podría haber estado en otro país. Salté de la cama frenéticamente, corriendo hacia la puerta de la habitación de César. —¿Soraya? ¿Estás bien? ¿A dónde vas? —llamó César. —¡Cita con el doctor! ¡Llego tarde! —¿Por qué vas al doctor? —preguntó, pero yo ya estaba demasiado lejos para responder sin gritarle. Tropecé hasta mi habitación, dirigiéndome directo al clóset. Arremangué diferentes blusas y pantal

