AURORA —¿Quieres que haga qué? —Que finjas ser mi prometida. Me levanté tan rápido que la silla se cayó detrás de mí. Ahora era mi turno de caminar de un lado a otro por el piso de la cocina. —Sí, entendí esa parte. Lo que no puedo creer es que me estés pidiendo… eso. —Piénsalo como un acuerdo de negocios —dijo, entrelazando las manos con calma sobre la mesa. Me eché hacia atrás, incrédula. Todo era tan fácil para él. —Esperaba que me pidieras una parte de mis ventas, no algún tipo de servicio de acompañante. Él se rió. —No te estoy pidiendo que prestes servicios sexuales, Aurora. Puse los ojos en blanco. —Oh, qué alivio. —A menos que quieras prestarlos, claro. Giré sobre mis talones y lo fulminé con la mirada. Una sonrisa se formó en su rostro. El desgraciado pensaba que esto er

