FEDRA Después de nuestro baño —que derivó en otra ronda de sexo— me sentía relajada y lista para volver a trabajar. Ya me ardían las manos por agarrar un lápiz y capturarlo de una manera más tradicional. Mientras regresábamos a mi habitación, tomé su mano. —Si te sientes con ánimo de posar, me gustaría dibujarte un rato. Luciano dudó antes de asentir. Fue a sentarse a mi cama y le dije que se pusiera cómodo. No tardé en ir por mis materiales, y pronto mi mano volaba sobre el papel. Quería capturar cada matiz del cuerpo de Luciano. —¿Debería ponerme la ropa? Negué con la cabeza, apenas levantando la vista del dibujo. Si ya me lo había preguntado antes, no lo había escuchado. —Prefiero que estés desnudo. Se movió, pareciendo un poco incómodo. Esperé que cambiara de opinión. En vez de

