—Sí, ya sé. —me interrumpió— No pretendo ser ninguna molestia, pero si me dan tiempo hasta esta tarde, yo... —Espera —esta vez lo interrumpí yo—. Puedes quedarte hasta que estés mejor, no estás en condiciones de irte a caminar la ciudad. Pero cuando te recuperes, te vas, ¿de acuerdo?. Hoy voy a hablar con un compañero que tiene unos pisos en alquiler, voy a ver si te puede hacer precio —finalicé ante la sorpresa de Sara. —¿En serio? —dijo el también sorprendido Alejo— ¿En serio no es ninguna molestia? —Que no, tranquilo. Además, yo tengo que trabajar toda la semana y a Sara le va a venir bien que alguien le eche una mano en casa. —¡Gracias! ¡En serio! ¡Muchas gracias! ¡No sé cómo te lo voy a agradecer! Ya no estaba tan chulo como la noche anterior, ahora parecía un tipo respetuoso y a

