Minutos después del partido Sara escuchó un portazo en el departamento de al lado. Supo que Hakim había llegado… y de muy mal humor. Esta noche no habría festejo para el senegalés. Sara se puso un pequeño short n***o y un top blanco que funcionaba más o menos como “corpiño deportivo”, unas cómodas zapatillas y tocó el timbre de su vecino. Tuvo que insistir cuatro veces. Creyó que Hakim prefería ignorar las visitas, pero cuando le abrió la puerta, entendió todo. Lo vio completamente desnudo, con el cuerpo mojado y un toallón en una mano. Demoró en atender porque se estaba duchando. Eso significaba que su descontento fue tan grande que ni siquiera se quedó en el club después del partido. Lo imaginó caminando por la calle aún con la camiseta de Ferro puesta y los botines. —Hola, Sara… yo…

