Ella obviamente no respondió, tenía la boca ocupada con tres vergas que ya estaban bien erectas. Aunque sí se preguntó si era la humillación lo que, de alguna forma extraña, le atraía tanto. Y llegó a la conclusión de que no era eso. Al contrario, la humillación le hacía todo más difícil. Había otra cosa. Algo que aún no era capaz de comprender. Se demostró que podía caer aún más bajo cuando ella misma se quitó la tanga y levantó su minifalda. Apoyó las manos en un lateral del escritorio e invitó a los europeos a disfrutar de su cuerpo mientras meneaba la cola como una perra en celo. No se hicieron esperar. El primero que reclamó su lugar fue Boris. La tomó por la cintura y la clavó hasta el fondo. Por lo mojada que estaba Sara la penetración fue sencilla. El tipo comentó este detalle a

