Después de las 1, la música sonó con más fuerza. Las puertas del restaurant estaban cerradas para los clientes y adentro no quedaban más que los amigos y la familia. En el escenario chiquitito, instalado al fondo y sobre una tarima, seis muchachos interpretaban con insistencia canciones de Ráfaga y Manuel no podía evitar reír sin demasiado disimulo. A su lado, Martín contestaba sus burlas con un vaso de champagne en la mano y con Sofía sentada sobre sus piernas. Daniel bailaba animadamente junto a María y a Miguel y Sebastián y Luciano, abrazados en un rincón oscuro, parecían ajenos a la pegajosa letra de Mentirosa. — No me acordaba que en el restaurant del Marcos hubiera música en vivo —comentó Manuel comiéndose una papita frita. Martín echó una mirada despreocupada hacia su primo, que r

