Capítulo 10 Nuevo guardaespaldas

1297 Words
P.O.V. Estéfano Después de mi última discusión con mi supuesta esposa no he vuelto a buscarla, ni a molestarla; me la paso en mis asuntos del negocio familiar y al terminar me voy con las lindas chicas del club que me ayudan a olvidar todo lo ocurrido en mi casa. La verdad, no tengo ni la menor idea de lo que hace, ni me interesa saberlo y es que pensé que la fascinación que tenía por ella era algo más; tenía la esperanza de que quizá podría llegar más a fondo con ella; sin embargo, me alegro de que no fuera así. Durante este tiempo, me he entretenido con estas bellas mujeres, que me han ayudado a entender lo lindo que es no tener compromiso. Le llamo así porque no puedo decir soltería, ya que estoy unido a ella. Pero lo que me alegra es que al fin haya terminado la dichosa luna de miel; ya no me tengo que estar ocultando para hacer lo que me plazca. "Ya Estéfano deja de pensar en ella", digo en mi mente, olvidándome de ella. Me enfoco en lo que verdaderamente importa, que es a una linda rubia que tiene mi amigo en su boca haciéndome sentir maravillas, aunque me sigue costando lograr liberarme debido a que cuando estoy a punto de llegar a ese momento, el rostro de mi ex prometida está muy grabado en mi mente. —¿Te gusta guapo? —me pregunta la mujer sacando mi parte de su boca. —Sí, linda, tú continúa —coloco mi mano en su cabeza y vuelvo a bajarla hasta esa parte. Intento concentrarme en las caricias que ella ejerce con su boca, y es que es muy buena en lo que hace haciendo que mi mente se concentre, pero justo en ese momento suena mi teléfono. —Carajo —maldigo y lo tomo de la mesa de al lado. Veo en la pantalla el nombre de mi padre, dejo salir un suspiro de frustración y contestó—. Hola. —Hola, hijo, ¿dónde estás? —me preguntó. —Estoy arreglando unos asuntos, ¿necesitas algo? —miento, pero intento indagar que es lo que quiere. —Nada importante; solo quería recordarte que he mandado varios candidatos para el guardaespaldas personal de tu esposa —declaró mi padre sacándome de mis pensamientos. —¿A qué te refieres? —curioseó defendiendo a la rubia. —Se me olvidó decirte que después de que pasara el mes de luna de miel tienes que escoger un guardaespaldas para tu esposa porque nunca se sabe cuando vaya a haber un ataque en tu contra y es mejor prevenir que lamentar —me explica mi padre. Yo solo pasé mi mano por mis ojos intentando eliminar mi enfado. —Está bien, iré para allá —aceptó terminando la llamada—. Lo siento, hermosa; tengo que irme —le digo a la mujer pasando mi mano por su mejilla maquillada. —Pero no he podido sacarte el relleno —añadió la rubia mirándome con ternura. —Será para la próxima —miento; sé que no puedo venirme por más que me consentiré y sin importar que tan linda sea la mujer o que tetas tan grandes tenga, no puedo lograrlo. —Está bien guapo —me besa en los labios y se va. Me pongo de pie, colocándome mi ropa, tomando mis pertenencias y dejando algo de propina sobre la mesa. Salgo del lugar yendo directo hacia la puerta y entrando al auto donde mis hombres me esperan. —A mi casa —ordenó y el chofer se ponía en marcha. Minutos después hemos llegado; bajo del auto y entro a la casa. Yendo directo a mi oficina, donde veo a cuatro hombres de pie. Camino hasta sentarme en mi escritorio donde leo a detalle cada uno de sus currículos. Al primero es un hombre moreno, bastante atractivo, que descartó de inmediato. No dejaré que mi esposa se lo vaya a coger. Sigo con el siguiente. Dijo que mi vista en él es menos atractiva que el otro, pero su cuerpo es muy musculoso y lo descarto. El tercero: ni pensarlo, ese rostro de actor ni loco, dejaré que ella esté cerca de él. Sé que había dicho que no me importaba que hiciera, pero no dejaré que ella se revuelque con su guardaespaldas en mis narices; mi orgullo y mi ego no me lo permiten. Me fijo en el último hombre que no es muy agraciado, ni muy corpulento y veo en su carrera que le gustan los hombres, así que es el perfecto para mi esposa de nombre… Además de que tiene buenas referencias y su nombre es un tanto femenino "Nicola", así que está decidido. P.O.V. Beatrice Me siento feliz, contestada y satisfecha que durante todo este mes no he visto a esa bestia tatuada. Por fin le hice entender en esa cabeza dura que ni loca estaré con él. Sé muy bien que él se la pasa con mujeres. Las pocas veces que lo he visto o que tengo que pedirle algo rápido, siento el olor a perfume barato, humo y alcohol. Causándome más desagrado de pensar con qué tipo de mujeres se ha de meter, aunque eso no me interesa. Pero le ruego a Dios porque se le pegue una enfermedad en ese m*****o asqueroso y que sea su merecido por haberla violado. Escucho el sonido de un auto llegar, me acerco al balcón mirando el auto de ese animal y pongo una expresión de malestar, de pensar que tengo que verlo antes de tiempo. Regresó a mi habitación, sentándome en mi sofá, mirando una revista, rogándole a todo poderoso que no venga a verme. Pasan unos minutos y nada. Estoy por ver qué es lo que anda haciendo cuando escucho unos pasos, acercarse y me apresuro regresando a mi lugar. Tocan la puerta. —¡Pasen! —grito y escucho que la puerta se abre. Pero no volteo a ver hacia esa dirección. —Querida —me llama con ternura, haciendo que me incomode—. Te quiero presentar a tu nuevo guardaespaldas —eso me confunde más; no pensé que necesitaba guardaespaldas. Así que giro el rostro para ver a ese par de hombres, quedándome en shock al notar esa cara tan familiar. Y sin poder decir ni media palabra veo todo oscuro. Siento un fuerte olor cerca de mi rostro; abro los ojos, encontrándome con la bestia que me está sujetando y el hombre conocido poniéndome algo en la nariz. —Beatrice, ¿estás bien? —me habla Estéfano; pero mi vista está fija en Nicola. Dejo de verlo y me dijo el hombre que es mi esposo. —Sí, solo que se me bajó la presión —miento para no decir la identidad de su acompañante. —¿Quieres que mande pedir al doctor? —No estoy bien, solo me comeré algo dulce y listo —digo intentando tranquilizarlo—. ¿Pero dime quién es él? —cambio de tema. —Sí —Estéfano me suelta poniéndose de pie—. Es el Nicola, tu nuevo guardaespaldas. —Un gusto, señora —habla Nicola haciendo una reverencia. —Igualmente —contestó con una sonrisa forzada. —¿Te preguntarás por qué necesitas uno? —me pregunta Estéfano y asiento con la cabeza—. Tengo muchos enemigos que pueden tender en tu contra; así que es necesario. —Está bien —aceptó para no decir nada más que pueda perjudicarme. —Bueno, te dejo para que se conozcan. Nicola, si mi esposa se vuelve a desmayar me avisas —dijo y volteó hacia la bestia. —Sí, señor —aceptó Nicola. Ambos miramos cómo Estéfano se va dejándolos solos en la habitación…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD