—¿¡Qué carajos pasó en mi comedor!? —Ese grito retumbó en toda la habitación. Hasta a mí me asustó, pero controlo ese miedo y doy un par de pasos hacia el decidido a seguir con mi plan. —Te hice un pequeño detalle para la cena —habló de manera gentil y amable, señalando a la decoración. Él mira a todas direcciones, teniendo una expresión de desagrado; al final, termina deteniéndose en mí, dedicándome esa misma mirada. Me examina de arriba a abajo viendo lo que me acabo de poner; espero un gesto; sin embargo, no hay ninguno y regresa su vista al entorno. —Parece un hotel barato a donde llevarías a una mujerzuela —dijo con mirándome desdén— y no sé por qué la última palabra siento que es dedicada a mí, que me dan ganas de taparme el cuerpo con los brazos, pero evito hacerlo, ya que es

