P.O.V. Estéfano. Sigo a Emma con calma mientras canto una melodía que, cuando era niño, jugaba constantemente con mi madre y, debido a la situación, es perfecta para usarla. Miro cómo ella corre por los pasillos semioscuros de la casa, dirigiéndose directamente hacia la cocina, mientras que me encamino hacia esa dirección y justo antes de entrar a esa zona vuelvo a reproducir la melodía en mi teléfono. —Jugaremos en el bosque mientras el lobo no está, porque si el lobo aparece a todos nos comerá. Lobo, ¿estás ahí, sí o no? Detengo la canción justamente en ese momento para poder hablar. Aclaré mi garganta para usar el mismo tono que he estado usando. —Sí, y tengo mucha hambre —digo con una voz juguetona, media macabra. Dejo mi teléfono dentro de mi bolsillo, entrando por completo a l

