P.O.V. Estéfano. Me encuentro hecho una fiera llena de rabia. Ver cómo mi querida Emma se fue con ese hombre me hace hervir la sangre. Mi guardaespaldas vino a mi llamado lo más rápido posible, aunque no sé por qué carajos Max se ha demorado tanto en liberarme; solo noto cómo sus manos tiemblan y no sé por qué si con él no estoy enojado. Al final, el agarre que siento en mi muñeca se libera bajo mi vista hasta ese punto, corroborando que ya no estoy unido a la silla. —Vete de aquí —le ordenó, poniéndome de pie. Él se va como el alma que lleva el diablo y es que mejor que nadie entiende que si me hacen enojar, tienen que pagar las consecuencias. Dejo de ver por dónde él se fue y fijó mi vista en esa puerta en la que tan solo unos minutos se han dejado de escuchar esos ruidos y gemidos

