P.O. V. Estéfano. No puedo creer lo que oyen mis oídos. —¿Hermano? Yo no tengo ningún hermano —declaró con una voz fría, mirando con atención a mi madre, que tiene un moretón en el rostro debido al impacto del auto. —Creo que ya es momento de que lo sepas. Cuando me enteré de que estaba embarazada, estaba muy feliz; pensé que nada más era un bebé, pero en los ultrasonidos vieron que eran dos bebés. Tu padre y yo estábamos encantados; era una bendición muy grande y especial. Los esperábamos con ansias. Cuando el día llegó, fui sometida a una cesárea para no correr ningún riesgo. Los vi nacer a los dos. Tú, Estéfano, fuiste el primero; eras hermoso y segundos después nació tu hermano, pero a diferencia de ti, a él no me lo dejaron ver de inmediato. Se lo llevaron para examinarlo. Yo me

