Sarahí Woods, mi amiga, mi confidente y mi niñera, me apresuró a que tomara asiento en uno de los lujosos sillones de la sala de mis padres. Era algo extraño, ellos casi nunca estaban en casa, siempre estaban muy ocupados y rara vez tenían tiempo para compartir con nosotros en casa, sin embargo, ahora estaban ahí, reuniéndonos a todos.
¿Qué ocurrió? No estoy muy segura, sus palabras me dejaron estupefacta, se iban, viajes de negocios, por supuesto, pero era algo más que eso, tardarían mucho pero mucho más tiempo del habitual, 2 años, o quizá más, no aseguraron nada, se disculparon y nos anunciaron que Sarahí y Albert McCartney, el padre de Jess, se quedarían a cargo de nosotros y de la casa.
- Deben apoyarse y estar más unidos que nunca.
Fue lo último que escuche de los labios de mi madre antes de decir hasta luego, y darnos un breve y rápido beso.
Me asomé por el enorme ventanal, Nahuel, el chofer, ya los esperaba en la camioneta llena de maletas. Me giré para ver la expresión de mis hermanos, pero ya no estaban, seguramente habían ido a sus habitaciones, pero no quise averiguar.
Subí a mi cómoda recámara, en la que podía estar sola y pensar. Estaba triste, mis padres se habían ido y no sabía cuándo volvería a verlos, me hundí tanto en mis pensamientos que se pasaron las horas volando, cuando me di cuenta, Sarahí tocaba a mi puerta.
- Fer, sé que estás triste, pero debes comer algo, ya es muy tarde y no has probado bocado.
Miré el reloj de pared frente a mi cama, eran las 7 de la tarde, si apenas eran las 12 del mediodía cuando había entrado en mí recamara.
- Lo siento, ahora bajo, no sentí pasar el tiempo.
- Está bien, sólo baja ya, debes comer algo, seguro tienes hambre.
No lo había sentido, pero ciertamente mi estómago ya rugía de hambre. Así que, sin más, baje hasta la cocina, ya estaba Sarahí esperándome con un platillo recién calentado, se veía apetitoso, así que me apresure a comer.
- Te llamó Jess varias veces –dijo Sarahí preocupada –dijo que no respondías el celular, que si podías regresar la llamada en cuanto pudieras.
Claro, su papá había quedado a cargo de nosotros, seguro Jess se enteró de todo al mismo tiempo que yo, debe estar preocupado.
Tomé enseguida el teléfono y marque un número conocido, Jess me contesto de inmediato, estaba preocupado, pero yo estaba bien, así que lo deje tranquilo.
- Sarahí, muchas gracias –dije aun relamiendo mis labios por la comida –¿puedes decirle mañana a Philip que disfruté mucho de su platillo? fue espectacular como todos los días –hice una pausa conveniente para pensar bien mis palabras –Gracias por estar al pendiente de mí –sonreí intentando esconder la tristeza que sentía por la partida inesperada de mis padres –Por cierto, ¿mis hermanos bajaron a comer?
- Será mejor que vayas al recibidor –su tono era serio y misterioso, algo la perturbaba –no quiero adelantarte nada.
Su respuesta y su seriedad fueron algo poco común, nunca se reservaba nada, me contaba siempre todo, hasta lo que mis papás preferían no hacer, así que me apresuré a ir al lugar que me había dicho.
Alce la vista al entrar y en la mesita de centro alcance a ver una hoja de la “sagrada libreta de recados” de mi hermana Mónica.
Me quedé atónita al leer lo que unas letras rápidas, casi garabatos decían, mis hermanos se habían ido, no especificaba el lugar, solamente que se tomaban un año sabático lejos de aquí aprovechando que no estarían nuestros padres para impedirles hacer lo que querían.
Seguramente ni Sarahí, Vanina o Enzo habían podido impedir su ida, y menos hacerlos entrar en razón.
Sarahí esperaba desde la entrada del recibidor mi reacción, sólo me di la vuelta para mirarla y sonreír amablemente.
- ¿Estás bien? –me miraba con sumo cuidado
- Claro –mentí –¿por qué no he de estarlo? no te preocupes –no quería preocuparla por algo tan insignificante –Saldré un rato a dar la vuelta aquí en la colonia ¿está bien? no tardo, lo prometo.
- Está bien –respondió, sabía que no creía mi mentira –pero lleva tu teléfono móvil y no salgas de la colonia, porque es tarde.
Asentí y caminé fuera de casa, y unos minutos más tarde estaba en el parque central de la colonia y tomé asiento en una de las elegantes bancas.
- ¡Hola Fer! ¿Qué haces aquí tan tarde? –me miró con cuidado, quizá mis gestos hacían evidente lo que sentía –¿Está todo bien?
Mike Cartwright, un chico varonil, amable y de atractivo semblante, uno de mis grandes amigos, de los primeros que tuve aquí en la colonia, me conocía tan bien como Jess, bueno eso creía, aunque había cosas de él que aún desconocía, era un buen amigo.
- ¡Hola Mike! –respondí con una sonrisa forzada –que sorpresa verte. Salí a tomar aire fresco, ya sabes, para pensar –suspiré –Tengo mucho en que pensar el día de hoy.
- ¿Ah, sí? –se sentó a mi lado sin quitarme su vista de encima –¿A qué se debe eso?, ¿ocurrió algo en tu nueva escuela?
- Oh… la escuela… sí… pasaron muchas cosas interesantes –fingí estar animada mientras recordaba mi primer día en la escuela –conocí a un chico muy agradable que va a ser mi guía personal hasta el miércoles.
Su expresión cambió pero no le tomé importancia.
- Ah, entonces –dudó y apartó la vista un momento –¿pasarás mucho tiempo con él?
- Sí, eso creo, casi todo el día.
- Pero hay algo más –me miró con más cuidado –¿cierto?
Le conté desde el inicio de mi día, había visto temprano a mis padres, me habían llevado a la escuela, algo raro, pero para mí no lo era en ese momento, pensé que sólo me apoyaban porque era una nueva etapa de mi vida, pero quizá era en cierta forma una manera de despedirse con anticipación, pero no lo había pensado hasta este momento.
Acabe por contar lo de mis hermanos, y que ahora mi familia no estaba en casa, me acompañaban los demás, pero no mi familia, y aunque no los veía con frecuencia me ponía triste saber que no los vería por mucho tiempo.
Me hice la fuerte toda la tarde para no llorar, pero al final frente a Mike ya no pude, las lágrimas corrieron por mis mejillas, donde Mike logró atrapar algunas, me abrazó de repente y suspiré.
Me sentí aliviada por haber sacado todo lo que sentía, aunque me avergonzaba haber llorado frente a él. Me dijo algunas palabras entre ellas “no estás sola” “estoy para ti siempre que me necesites”.
Un momento más tarde mi celular sonó, era Sarahí, mire al mismo tiempo la hora, eran poco más de las 11. Era tarde, Sarahí seguramente estaría preocupada.
Mike me acompañó hasta la puerta de mi casa, y Sarahí salió a recibirme, estaba preocupada, pero tranquila después de que le conteste en el teléfono que estaba bien, dentro de la colonia y con Mike.
Me colocó un abrigo en cuanto devolví el suyo a Mike, me despedí brevemente de mi amigo, entré en la casa, y subí directamente a mi habitación a dormir, estaba muy cansada y mañana debía ir a la escuela.
A la mañana siguiente me levanté de mejor humor, como siempre al primer sonido de mi alarma, tomé una ducha, y me vestí para bajar a desayunar. Sarahí tenía listo y calientito el desayuno.
- Buenos días –dije animada
- Buenos días –Sarahí sonrió al verme –veo que estas mejor, te hizo bien hablar anoche con Mike.
- Sí –tomé asiento frente a la barra de desayuno –ya me siento mejor. Ahora a comenzar mí nuevo día, porque apenas comienza la aventura de mi nuevo mundo.
- Así me gusta escucharte –la preocupación se había desvanecido de su rostro –tan animada y tan contenta –me tomó la mano y me extendió mi mochila –¡Que tengas un excelente día! Sebastián te espera en el auto.
- ¿Nahuel no ha regresado? –era el chofer que me llevaba a todos lados
- No aún, no sé cuánto tiempo lo mantengan ocupado.
- Bien, me apresuraré porque quiero llegar a tiempo –me levante y me puse en marcha –Te quedó muy rico el desayuno, muchas gracias –llegué hasta la puerta y antes de abrí me volví hacia donde Sarahí estaba –que tengas lindo día.
Con una sonrisa y un beso en la mejilla me despedí de Sarahí. Me apresuré a subir al auto después de mi saludo a Sebastián, y en pocos minutos llegamos a la escuela.
Me detuve en la puerta de la escuela un momento a esperar, hasta que llegaron Liz y Jess. Les conté lo de mis hermanos, seguramente Jess ya había comentado antes con ella lo de mis papás puesto que llegaron con algunos de mis chocolates favoritos para levantar mi ánimo.
- ¡Fer! –Saludó Jess animado –Te miras muy bien, y tan puntual como siempre.
- Gracias, me siento bien, a pesar de todo, es cierto que me siento un poco triste, pero para que arruinar un día que ha empezado tan bien.
Dieron las 7 de la mañana y los guías de mis amigos llegaron. Pero Kev aún no, ya eran poco más de las 7:30 y yo continuaba esperando su llegada.
- Hola –escuché detrás de mí –¿Qué tal? Soy Alejandro Shicket –sonreí al verlo –Eres la famosa Fernanda Slidebottom, ¿Cierto?
- Hola Alex –respondí aun de con buen humor – ¡siempre tan bromista! – me reí –No te había visto en la escuela.
- Me alegra mucho verte. Tenía todas las vacaciones sin saber de ti –su tono de drama siempre me resultada gracioso –sabes que te aprecio mucho y ni una llamada si quiera para preguntar como estoy, si sigo vivo ¿Qué clase de amiga eres?
Esa sobreactuación me hizo sonreír, y él puso una cara de “mal humorado” o eso pretendía.
- Lo siento –respondí siguiéndole el juego –pero también podías haberme llamado, tienes mi número, y sabes dónde vivo.
- Cierto, cierto, tengo tu número –se quedó pensativo –pero no sé dónde vives, jamás he tenido el magnífico honor de conocer la famosa residencia Slidebottom –su tono era exagerado –Pero dime, qué haces aquí sola, ¿a quién esperas? –miró de un lado a otro –Seguro a ese guía que te tocó, ¿cierto?
- ¿Sabes quién es?
- ¡Por supuesto! – bajó la voz casi en susurro –Kevin Hartwell no pasa desapercibido, si es el líder del equipo estrella de la EPLB, “Los tigres”. Un equipo importante en la ciudad y del que yo formaré parte muy pronto –sonaba muy confiado
- Pero si no habías asistido a la escuela, ¿cómo es que sabes que él es mi guía?
- Como ya sabes, soy un chico de fiestas, ahora que ya soy parte de la EPLB he subido de nivel y ya conozco y hablo con muchos alumnos de aquí –alardeó –de cualquier modo, estos primeros cursos sólo son pérdida de tiempo, ya he estado antes aquí, ya conozco cada espacio, y cada autoridad, y ya me han hablado mucho de lo que se hace en este lugar, así que no necesito un guía, ni nada por estilo –dijo presuntuoso, pero sabía que esa presunción era sólo parte de su broma –Ya que tu guía no aparece –miró su reloj –¿te parece si damos una vuelta por la escuela? veamos que sigue en tu “Bold tour” seré mejor guía que Hartwell.
-Bien, pues vamos.
Me disponía a seguir mi “Bold Tour” como Alex lo había llamado, cuando de pronto escuché…
- ¡Fer, Fer, Fer! –era la voz agitada de Kev –Espera, no te vayas, lo siento –dijo tomando grandes bocanadas de aire –No era mi intención llegar tan tarde, tuve algunos problemas personales, pero ya estoy aquí.
- Kevin Hartwell –anunció Alex
- ¿Quién eres tú? –preguntó con su mirada frívola y molesta