Lo que nadie debería notar

1785 Words
Pasaron un par de horas, estaba enfadada de estar en ese lugar, había un buen ambiente, pero no había con quien divertirme, Kev estaba con Ashley, y sus amigos no me tomaban importancia, solo me miraban de vez en cuando y platicaban entre ellos, y yo me sentía incómoda. El único más amable de sus amigos era Dylan Qwerly, había sido muy atento, pero hacía cerca de una hora que él y su hermano habían salido de la fiesta. - Kev, lo siento, es muy tarde, tengo que irme ya…. Pero… no te molestes, puedo tomar un taxi. Levanté la mirada, sin darme cuenta había interrumpido un beso entre Kev y Ashley, agaché la mirada, pero Ashley estaba más que molesta. - Cómo crees Fer –dijo enseguida recobrando la compostura –prometí que yo mismo te llevaría a tu casa –se alejó un paso de su novia, dejando el beso en el aire, quien molesta le tomó la mano con más fuerza –así que vamos –se soltó de ella dando un leve tirón que la ofendió aún más que mi interrupción Ashley no parecía muy feliz, me miró de una manera aterradora, me levanté del asiento que había sido mi sitio permanente en la fiesta, y me dirigí a la puerta apresurando mi paso, pero apresurado Kev me tomó del brazo para seguirme. Tras dudarlo mucho, imaginando la respuesta de una novia celosa, antes de salir me giré para ver de nuevo a Ashley, parecía enojada, muy enojada, y la entendía, ¿cómo su novio podía dejarla por otra chica que apenas conocía? Lo pensé durante el camino a casa, Ashley era una mujer muy bonita, pero hoy yo había pisoteado su ego sin querer, debía arreglar las cosas en algún momento, aclararle que su novio no me interesaba para nada, no del modo romántico. Kev detuvo el auto y me dejó en la reja de la entrada a mi casa, me ayudó a salir del auto abriendo la puerta para mí, sacándome de mis pensamientos. -El silencio en el auto fue un poco incómodo –observó Kev -Lo siento, solo estoy… cansada –suspiré, debía hablar con él sobre el asunto que me inquietaba, después de todo tenía que ver con él y la incomodidad de su novia hacia mi, pero no me atrevía, así que sólo guardé silencio. En ese justo momento me percaté de que Mike iba caminando muy cerca y me saludó desconcertado, respondí a su saludo y me giré, sin darle tanta importancia a su reacción, para abrir la puerta y entrar a casa. Ya desde dentro de la reja, miré a Kev y me despedí rápidamente con un movimiento de mano, debía mantener mi distancia, sobre todo por respeto a su novia. - Gracias por este día tan… –dudé –entretenido Kev –dije sintiéndome a salvo tras la reja que nos separaba - Gracias a ti por salir conmigo –sonrió –fue todo un placer que me acompañaras en este maravilloso día. Caminé unos cuantos metros hasta la puerta principal de la casa mientras mi amigo arrancaba su auto, y después de unos breves momentos ya no logré verlo. Estaba a punto de girar mi llave para abrir cuando Sarahí me sorprendió ahorrándome el esfuerzo de empujar la puerta. Me abrazó, y me miró. - ¡Fer! ¿Dónde estabas? –temblaba, su corazón se sentía agitado –Me tenías tan preocupada –dijo soltando el aire poco a poco mientras me miraba de pies a cabeza –no podía llamarte, supongo que tu teléfono móvil está apagado desde hace un buen rato –me giró para mirarme entera y me abrazó de nuevo–Tuve que llamar a Albert, y estamos aquí preocupados. Jess no lograba localizarte con nadie, no sabíamos dónde más buscar. - Lo siento, perdí la noción del tiempo y me olvidé completamente de llamarte. Salí con un nuevo amigo, pero estoy bien. Escuche una voz familiar al fondo… - Fer –dijo Albert, el padre de Jess –está muy mal lo que hiciste –negó con la cabeza –sabes que nos preocupamos mucho por ti –había recobrado el control de sus nervios –No vuelvas a hacer algo como lo de hoy –era la primera vez en mucho, mucho tiempo que alguien me regañaba, se sentía una punzada en el corazón, pero no por el regaño, si no por lo que había hecho para merecerlo –sabes que tienes que avisar si vas a llegar tarde, y más si no vas a llegar en todo el día. - Lo siento Albert –dije con la cola entre las patas –no quería preocuparlos. - Bien pues ese nuevo amigo tuyo –dijo molesto –debió recordarte que hay quien se preocupa por ti y que debías avisar sobre tu ausencia en casa. - Lo siento –dije cabizbaja –es sólo mi culpa. Entré en la casa un poco desconcertada y preocupada, no había avisado que estaría fuera y los había hecho buscarme en todos los lugares posibles, según escuché. Me sentía arrepentida, pero en ningún momento del día pensé en que alguien en casa se preocuparía por mi ausencia, no sin mis padres y hermanos en casa. Además las atenciones de Kev y su entusiasmo al hablar conmigo me habían mantenido distraída de mis propios pensamientos. Albert y Jess estaban ahí y eran cerca de las 12 de media noche. Me sentí avergonzada. Sarahí les preparó unas habitaciones para que se quedaran a descansar, y yo subí a mi habitación, con el corazón agitado y mi mente confundida. Ese había sido mi primer regaño de Sarahí y Albert, jamás pensé que llegaría ese día, pero era justo, y se sentía terrible haberlo recibido. Pero al mismo tiempo me sentía satisfecha, y feliz hasta cierto punto. Había personas que se preocupaban realmente por mí, no estaba sola, y hoy lo había comprendido. Después de pensar y repasar todo mi día, me dispuse a escribir en mi diario como todas las noches, al terminar me puse mi pijama y me acosté a dormir después de leer unas páginas del libro nuevo que Albert había dejado en mi escritorio con una nota. Desperté mucho antes de que la alarma sonara, me levanté, me di una ducha caliente, y me vestí para ir a la escuela, mi ánimo se había recobrado después de aquella noche. Así que tatareando mí canción favorita bajé hasta la cocina para tomar el desayuno para encontrarme con Philip apresurado en su tarea matutina. - Fer –saludó sonriendo –Hoy te levantaste muy temprano –apresuró sus labores que hacía con sumo cuidado –si me esperas unos minutos te tengo listo tu exquisito desayuno. - Sí, gracias… pero… –dudé –¿puedo ayudarte hoy? - Claro que sí –sonrió y me invito a su lado - Oye Philip –dije con confianza, como a un amigo de toda la vida –ayer conocí a una chef, una que cocina muy bien, pero no la habías mencionado, es la esposa del Sr. Hartwell. - La chef Carvington, claro –la nombro de manera coloquial –no la he mencionado porque ella no tiene mucho historial en la cocina, recién terminó la escuela gastronómica, aunque he escuchado maravillas de sus platillos. Continué platicando con Philip acerca de mi experiencia en el restaurante del día anterior, mientras ayudaba a preparar el desayuno con algunas instrucciones y consejos del mejor maestro. Terminamos, y justo cuando me disponía a comer el primer bocado entró Sarahí. - Señorita, buenos días –dijo sonriendo – Veo que te has levantado más temprano hoy –recordar sus gestos de la noche anterior me apachurraban el corazón, ¿cómo le había hecho algo así? Suspiré. - Un poco –sonreí –le gané a mi despertador. Pero ahora ya tengo mucha hambre, con tu permiso desayunaré. - Adelante, buen provecho. - Gracias. Termine mi desayuno, Albert y Jess entraron justo en ese momento. - Buenos días –saludaron al unísono Agaché la mirada avergonzada. - Buenos días –respondió Sarahí –¿durmieron bien? - Sí Sarahí, muchas gracias –respondió Albert lleno de energía –Jess, tomaremos el desayuno y nos vamos para llegar temprano a la escuela. - Sí papá –dijo Jess sonriendo, mientras tomaba asiento –Ya huele delicioso, veamos que platillo preparo Philip. - Sarahí –dije antes de que los invitados comenzaran a comer –¿puedo salir a caminar? –dije, aún me sentía avergonzada ante Albert, él era como una segundo padre para mí –En 20 minutos estoy de regreso. - Está bien Fer –respondió Sarahí –pero no te retrases. Salí de casa para despejarme y disfrutar de los primeros rayos de sol. Iba camino al parque mientras mi piel sentía la ligera brisa matinal y los primeros rayos del sol, era un día hermoso. Disfrutaba de la calma y del clima cuando me encontré a Mary-Kate mi amiga, hermana melliza de Mike. - Fer, buenos días –estaba sorprendida pero feliz de verme, lo sabía por el entusiasmo en su voz –ya hace tiempo que no te veo ¿cómo estás? –me miró de nuevo, pero esta vez sentí su preocupación –Supe por Mike que ya estás en tu nueva escuela y lo de tus papás y hermanos –ya sonaba más como un reclamo, aunque amistoso –¿cómo se enteró él antes yo? - Hola Mary, buenos días –sonreí complacida por verla –Estoy muy bien a pesar de todo, lo que ha pasado –me mentía yo misma para no darle importancia a lo que sentía –sigo siendo la misma de siempre –eso era verdad hasta cierto punto –Y lo de Mike… bueno… fue sólo coincidencia –recordé aquella noche –me tocó verlo el día que pasó todo, por la noche. - No me quiso contar detalles –frunció el ceño –pero supongo que estabas triste. - Lo normal –Le resté importancia de nuevo –Aunque casi no veía a mis padres, de cualquier modo –quise consolarme al pensarlo – aunque esta vez se siente diferente, porque no estarán por mucho tiempo. - Me imagino que sí –suspiró –pero tienes a Sarahí, ella siempre se preocupa por ti, y Albert, que te cuida como a su propia hija –asentí, sintiendo de nuevo la punzada en el corazón al recordar sus gestos de preocupación a mi llegada la noche anterior –y… ¿qué te dijo mi hermanito? –Preguntó con curiosidad y complicidad - ¿Debía decirme algo?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD