Me saco el casco con mis últimas fuerzas, casi que no me puedo los brazos, clavo la espada en el suelo cargándome en ella o me caigo, sangre corre por todo mi cuerpo y sé que no es mía, mis hermanos a mi lado igual o mas cansados que yo miran lo que queda, mis hombres caminan viendo si hay algún sobreviviente de los contrarios y heridos de los nuestros, debemos clasificar, los que puedan soportar el viaje a Rondak y los que se deban tratar de inmediato. —Mi señor. —busco aire desesperado, alzo la cabeza viendo al soldado con cara de no dar mas. —¿Ya hicieron recuento?. —Así es. —me friego la cara ya que no quiero saber a cuántos debo enterrar, es la parte que mas temo en llegar. —Dime, ¿Cuántos caídos tenemos?. —Perdimos tres hombres señor. —lo miro asombrado, creí que a cientos iba a

