Armin asomó la cabeza desde el pasillo, como si hubiera estado esperando justo esa frase. Su sonrisa se torció en una mezcla de alivio, deseo y puro descaro. —¿Estás segura? Porque mi madre acaba de insinuar que necesitas más sobriedad en tu vida y menos… bueno, de mí. Maroon se puso de pie lentamente, dejando que la sábana deslizara sutilmente por su cuerpo hasta sostenerla apenas con una mano. Caminó hacia él con esa misma confianza con la que se lanzaba desde una rampa de cinco metros. —¿Y tú vas a hacerle caso? —preguntó en voz baja, ya frente a él, clavando sus ojos esmeralda en los suyos. —Ni aunque me lo rogara en latín —respondió Armin, envolviéndola con sus brazos y besándola con la urgencia de alguien que había estado a punto de perder la batalla más intensa del día. Maroon

