La puerta se abrió despacio. Maroon estaba ahí, con el rostro cansado, los ojos enrojecidos… pero firme. Armin levantó la vista, apenas respirando. Ella no lo dejó hablar. —Armin… yo… perdóname por haberme ido así. Solo que necesitaba aire. Me estaba ahogando. Su voz temblaba, pero cada palabra caía como piedra en el alma de él. —Pero una cosa sí es segura… te amo. Y no me iré a ningún lado. Armin la miró como si la estuviera viendo por primera vez. Como si no pudiera creer que después de todo, ella todavía lo elegía. Entró sin decir nada, cerró la puerta detrás de sí, y la abrazó con fuerza. Como si necesitara asegurarse de que no era un sueño. —Gracias por quedarte —susurró él. Maroon apoyó la frente en su pecho. —No me rompas, Armin. No después de todo lo que costó es

