Atuq:
Freya estaba sobre mi saltando. Estaba experimentando algo tan delicioso como esto. Sentir a Freya sobre mi, su olor su calor, ver su cuerpo desnudo sobre mi, era la sensación más placentera que he podido experimentar.
Los sonidos que soltaba de sus labios al moverse encima de mi, sus blancos pechos subían y bajaban sin parar, sus mejillas estaban rojas cómo cuando llevaba sol y se podía notar.
Le tomé la cintura para moverme, ella soltaba gritos y exclamaba pidiéndome más.
Me senté con ella para besarla de nuevo, no se por que me encantaba hacerlo, pero era adictivo besarla sentir sus pechos rozando con los míos. Esto era la gloria, ella ahora al fin estaba siendo mía.
—Atuq —ella me miró, sus labios estaban abiertos—, esto me gusta, más duro, quiero más...
—Lo que mi perla diga.
Cómo pude me puse de pie con ella, Freya se aferró a mi con fuerza. Salí de ella para bajarla y ponerla en la pared, si espalda estaba llena de todas mis marcas y de sus piernas bajaban todas mis semillas.
Me tomé el pene y se lo introduje con lentitud. Ella volvió a soltar sus gritos, escucharla era demasiado hermoso. Bese su cuello y espalda, nuestros cuerpos soltaban sonidos, mi cuerpo se tenso de nuevo y me corrí con ella.
Salí de manera brusca para rodear mi brazo en su cintura, con cuidado la acosté sobre las telas para cubrirla, me acosté a su lado para acariciar su rostro.
—¿Estás bien? ¿Atuq fue brusco?
—No —respondió en voz baja—. Fue hermoso y fantástico.
Le di un beso corto. Ella se giro y me sonrió un poco, ver esos ojos azules era lo más hermoso que he visto en mi vida, su cabello n***o y largo, su piel blanca, ya había mencionado sus ojos, pero ese azul intenso que parecía un par de gemas, esas gemas que se escondían en lo más profundo de esta cueva.
Ahora era mía, solo mía. Y estaba dispuesto a todo por ella, por qué ahora éramos uno solo.
—Esta cueva, es hermosa ¿Cuánto tiempo estaremos aquí?
—Nos iremos mañana, hoy será nuestra noche.
—Oh, es como una luna de miel —sonrió.
—¿Qué es eso?
—Es como un viaje pequeño que hacen las personas cuando se casan.. Así como tú y yo, que estamos básicamente casados.
—No, no lo estamos.. Tu y yo, estamos unidos. No casados, esas cosas no.
Yo negué. Ella soltó una risa suave, luego acaricio mi rostro.
Se que hay cosas que de dónde viene son un poco extrañas y no las entiendo, solamente quiero que ella se olvide de eso, por qué ahora está conmigo, quiero que se quede a mi lado y aprenda sobre nosotros, aunque ella ya sabe demasiado.
Se que no soy muy inteligente así como ella, pero yo sé que puedo aprender algo de donde viene, aunque a mí no me guste.
—¿Estás hambrienta?
—Si, quiero comer algo rico hecho por ti.
—Oh, Atuq irá por algo para ti...
Me puse de pie y me vestí, salí de la cueva con mi cuchillo para ir hacia el río un pez para ella. En la cueva hay frutas pero quiero que ella coma bien para que pidamos seguir con lo que estábamos haciendo hace un momento.
Con mucha facilidad logré conseguir un par de peces para ella que se que le gustarán. Ahora que estamos unidos y somos uno solo, mi protección hacia ella se vuelve mayor. Debo ser mucho más cuidadoso y cauteloso con ella, escucharla y prestar atención a todo lo que me diga.
Era lo que solía decirme mi madre, que cuando encontrara a mi compañera, debía ser el hombre más cuidadoso de todos, escuchar sus quejas y peticiones, yo debía obedecer para que ella fuera una compañera feliz. Y creo que lo estoy haciendo bien por qué mi perla se ve muy feliz conmigo.
Estoy haciendo un buen trabajo.
Regrese a la cueva y la encontré recogiendo su larga cabellera en una trenza. Ella es como una serpiente cuando está atrayendo a su presa, es hipnotizante, seductora y perfecta, pero con la sola diferencia que ella no ataca, si no, seduce.
Es de la más delicadas perlas que vienen del mar, sus ojos destellantes son como gemas brillantes y su cabello es tan oscuro como la noche, jamás pensé ver la perfección hecha mujer.
Ella es perfecta.
Y ella es mía.
—¡Atuq trajo pez! —me miró, yo alcé los peces— fue sencillo tomarlos.
—Gracias.
No entendía del todo por qué agradecía tanto. No solemos hacer eso, agradecemos al Cielo y la tierra, no a las personas, pero me gusta que me de las gracias, por qué se siente bien, se siente que hago un buen trabajo.
—Los cocinaré para ti —me arrodille ante el fuego—, debes comer.
—¿Y tú? ¿Comerás?
—No.
—¿Por qué? —la miré.
—Por que los peces son para ti, Atuq puede soportar estar sin comer.
—¿En serio? ¿Cuánto tiempo?
—Días —le respondí—, Atuq puede estar días sin comer y no pasa nada.
—Yo no podría, me siento mal si no tengo comida en el estómago.
—Entonces Atuq hará que comas peces, todos.
—No, con uno está bien.. Los demás los comes tú, así me haces compañía y comemos juntos.
—Está bien, haré compañía.
Limpié los peces y los empale en los palos para dejarlos cerca del fuego. Freya estaba sentada mirando hacia la cascada y luego dentro de la cueva.
No podía dejar de mirarla, ella es realmente hermosa y cautivante.
—¿Que tanto me miras? —soltó una risa.
—Atuq ve lo hermosa que es su mujer, es preciosa como el mar y el cielo.. Me gusta mirarte.
—Que linda forma de decirme que me quieres y que soy bonita.
—No, Atuq no quiere, Atuq ama que es más fuerte.
Tome una de las frutas y se la di para que comiera un poco, me senté a su lado y bese su mejilla, ella tenía todo mi olor en su piel, eso me gustaba, olía a mi y a pasión.
—Hueles a mi —me miró—, me dan ganas de montarte otra vez.
Ella tosió un poco, sus mejillas se volvieron rojas de nuevo, he notado que cada vez que le hablo de esa manera ella se pone así.
Quiero que sepa lo que siento, no me guardo nada, por que el ser honesto es algo que me gusta.
—Eres demasiado directo, a veces no se que esperar que me dirás y...
No la dejé hablar, demasiadas palabras ahora.
La volví a besar, esta vez fui muy delicado, segui besandola con mucha delicadeza, ella soltó la fruta que se estaba comiendo, solté sus labios para besar su cuello y aspirar lo que quedaba de su olor. ella soltaba ruidos, esos ruidos que a mi me encantaba escuchar, iba a hacerla mía de nuevo.
Solo mia.
(...)
Horas después:
Llevaba horas escuchando a Freya hablar sobre de donde venia. No entendía algunas cosas y ella me explico cada una de ellas, mientras lo hacia, me daba cuenta que extrañaba mucho el lugar de donde viene, siempre menciona a su padre, que es un buen hombre y que muchas personas lo odian por no ser como los demás.
Freya ha conocido muchos lugares más allá del mar, me dijo que ella usaba muchos vestidos a diario, andaba con una nana de un lado a otro, tampoco entendí qué cosa era una nana pero ella me lo explico.
Puede que ella se haya acostumbrado a mi, a estar en este lugar pero puedo ver que a ella le hace falta su lugar, su casa, su padre y lo que recuerda. A veces me siento mal por ella, me siento como un egoísta en no dejarla ir, en no pensar en ella y solo en mi.
Pero no quiero que se aparte de mi, no quiero dejarla por nada del mundo por que ella es todo lo que necesito. La adoro mas que a nada, la amo y quiero que este siempre conmigo, no podemos separarnos. Eso a mi me dejaria destrozado por completo, además de que debemos estar juntos, donde sea. No podemos dejar que nadie nos separe, eso también le traería calamidades a nuestra tribu.
—Bebe esto —le di un tazón con un te.
—¿Qué es esto?
—Es un té con hierbas para que no tengas a mi hijo, estamos recien unidos —le dije—, quiero disfrutar a mi perla lo más que pueda, si hay bebé ahí dentro —señalé su vientre— Atuq no podrá montarte por mucho tiempo y no quiero.
—Que considerado —ella sonrio.
Ella se lo bebió con calma, por la cara que hizo se ve que no le gusto. Yo le pedí a la chamana que me diera aquellas hierbas, le dije que no quería que ella llevara a mi hijo todavía.
Cuando nuestra mujer queda en cinta, no se debe tocar hasta que pase el tiempo de nacimiento y otro tiempo más. Así que ahora no quiero un hijo con mi perla, se que si le digo va a ponerse nerviosa y quiero que disfrutemos este momento los dos.
—¿Sabes? Me gusta que seas sincero, me encanta eso de ti.
—Me siento bien cuando dices eso —sonreí—, a mi me gustan tus ojos —le tome el mentón—, son preciosos.
—Gracias —rió.
—Hay que regresar a la tribu —le dije.
—No quiero —negó— , quiero quedarme aquí.
—Pero debemos irnos —me acerqué a ella para darle un beso.
—¡Atuq, hermano! —escuché a uno de mis hermanos llamarme.
Le pedí a Freya que se quedara aquí, ella asintió. Tome mi hacha y salí de la cueva, mis hermanos estaban en el río llamándome así que me acerqué a ellos, esto debe ser algo grave por que les pedí que no vinieran por mi al menos que sea algo de vida o muerte.
—¿Que pasa?
—Un barco —respondió uno de ellos.
—Un barco llegó a las orillas del mar, es de esos, de los blancos..
No, por los Dioses no.
Mire hacia la cascada, corrí hacia la cueva para avisarle a Freya que se quedara aquí escondida.
—¿Paso algo?
—No lo se, quiero que te quedes aquí ¿si? Haz caso.
—Si, pero dime...
—No lo se —le tomé el rostro— pase lo que pase, te quedas aquí.
Ella frunció un poco el ceño y asintió. Le di un beso y tome de nuevo mi hacha para salir de la cueva. Seguí a mis hermanos por todo el bosque, la hierba y las rocas. Todos en la tribu estaban perorándose para esconderse arriba en los árboles. Mientras que nosotros salíamos hacia las afueras.
Escuchábamos personas hablar y gritar. Todos se prepararon sus armas, si eran blancos habían que correrlos antes de que se dieran cuenta de nosotros.
—Avisa a las demás tribus —le dije a mi hermano—, lleva a los ancianos y los niños a la tribu más segura.
—Si.
Desde los árboles podíamos ver el enorme barco que recién llegaba a la arena. De un barco pequeño bajaron muchos hombres blancos con cosas de hierro en sus manos. Mi atención se fue hacia uno de ellos, su cabello era blanco pero sus ojos eran azules, del mismo color que los de Freya.
Ellos se acercaron a las hojas, por suerte no me lograron ver.
—General, no creo que este aqui, dudo mucho que haya vida aquí.
—Tiene que estar Greg, mi hija Freya tiene que estar aquí.. El barco en el que la deje esta aqui hecho pedazos, espero al menos encontrar su cuerpo.
El es el padre de Freya, no había duda de ello. Pero no entiendo ¿Como hicieron para encontrarla?
No se bien lo que hacía, puede que sea un poco arriesgado, pero pensaba en ella y lo mucho que extrañaba a su padre. Tome el hacha y le indiqué a mis hermanos que se posaran detrás de mi. Ya habían algunos listos que estaban escondidos con sus flechas en caso de que todo saliera mal ya sabíamos que hacer para defendernos.
Con el hacha en mano y mi cuchillo en la espalda salí de los árboles junto a mis hermanos. Todos los blancos presentes se asustaron al vernos y alzaron sus espadas y lo que sea que era aquello de hierro. Lucian muy asustados e indefensos, yo solo podía ver lo pequeños que eran todos ellos.
—Soy Atuq, El Inca de la Tribu del Sol —dije fuerte y lo más claro que pude— y el hombre de Freya.