—Lo sé —respondí dándole un manotazo—. Espero que justo después de cenar. —No, quiero decir que esta mujer es perfecta para ti —continuó Maryanne mientras yo devoraba mis últimas verduras. Mi hermana es la mejor cocinera. —Acabo de conocerla —argumenté, pero secretamente esperaba que tuviera razón. —Ronnie, no te hagas el tonto con esto de mirar boquiabierto —me advirtió mientras limpiábamos los platos y nos dirigíamos al dormitorio para grabar un vídeo para Mark. —¿Qué quieres decir? —pregunté mientras me quitaba la ropa y preparaba la cámara. —O sea —dijo girándose hacia mí mientras se quitaba el sostén, dejando al descubierto sus pechos perfectos—. No lo hagas, de verdad. Me maravillé al ver cómo dejó caer el sostén en sus manos y lo arrojó a un lado sin pensarlo. —¿Por qué no? —

