Capítulo 2: La Sombra del Pasado

1425 Words
El sol estaba alto en el cielo cuando Eryndor finalmente regresó al pueblo, el viejo libro de Maeron pesando en sus manos como si llevara consigo un fardo invisible. Mientras caminaba por las calles adoquinadas, saludaba a los aldeanos que encontraba en su camino, tratando de mantener una apariencia de normalidad. Pero su mente estaba en otro lugar, perdida en el torbellino de revelaciones que Maeron le había desvelado esa mañana. Lirwen se desenvolvía con su habitual tranquilidad. Los niños jugaban a la orilla del río, las mujeres charlaban mientras lavaban la ropa, y los granjeros trabajaban en los campos. Era un día como cualquier otro, pero para Eryndor, todo había cambiado. Sabía que la vida que había llevado hasta ese momento nunca volvería a ser la misma. Finalmente, llegó a su cabaña y cerró la puerta detrás de él, dejándose caer en la silla junto a la mesa de madera desgastada. Colocó el libro sobre la mesa y lo observó con una mezcla de curiosidad y temor. Las palabras de Maeron resonaban en su mente: “No eres solo un campesino de Lirwen. Eres mucho más.” Con manos temblorosas, abrió el libro. Las páginas crujieron, revelando una escritura antigua y complicada, escrita en un idioma que no conocía. Sin embargo, mientras pasaba las páginas, notó que algunas frases comenzaban a cobrar sentido. No era un conocimiento consciente, sino algo que venía de lo más profundo de su ser, como si el lenguaje antiguo estuviera arraigado en su alma. Los primeros capítulos del libro narraban la historia de un guerrero llamado Vaylen, un hombre que había vivido siglos atrás. Vaylen había sido un héroe, un líder en la guerra contra las sombras que amenazaban con consumir el mundo. Pero también había cometido un error fatal, una traición que había cambiado el curso de la historia. Era una historia de gloria y caída, de sacrificio y redención. A medida que leía, Eryndor comenzó a tener destellos de recuerdos, fragmentos de una vida que no era suya, pero que sentía como propia. Se veía a sí mismo en campos de batalla, luchando con una espada que brillaba con una luz cegadora. Recordaba rostros que no reconocía, pero que llenaban su corazón de dolor y añoranza. Y, sobre todo, sentía la culpa, una culpa profunda que lo abrumaba como una marea imparable. Pasaron horas mientras Eryndor leía, absorto en la historia de Vaylen y su propia conexión con ese pasado lejano. Finalmente, el sol comenzó a descender en el horizonte, y la cabaña se llenó de sombras. Fue entonces cuando llegó a una sección del libro que lo hizo detenerse. “El ciclo debe continuar hasta que se cumpla la profecía,” decían las palabras escritas en una página amarillenta. “Solo entonces el alma de Vaylen encontrará la paz. Pero cada vida trae consigo un nuevo desafío, y el Tejedor, aquel que busca romper el ciclo, acecha en las sombras, esperando el momento de reclamar lo que considera suyo.” Eryndor sintió un escalofrío al leer esas palabras. El Tejedor… Maeron había mencionado a una entidad oscura que buscaba romper el ciclo de reencarnación y absorber las almas para volverse omnipotente. Según el libro, esta figura había sido el enemigo de Vaylen en su vida pasada, y ahora amenazaba con destruir todo lo que Eryndor conocía y amaba. Cerró el libro con un suspiro profundo, tratando de procesar todo lo que había aprendido. La tarea que tenía ante él era inmensa, y aún no sabía por dónde empezar. Pero también sabía que no podía hacer esto solo. Necesitaba ayuda, aliados que lo apoyaran en su búsqueda. Y sabía exactamente a quién acudir primero. Al día siguiente, Eryndor salió de Lirwen antes del amanecer, dirigiéndose hacia el bosque de Eldros. El bosque, que siempre había sido un lugar de misterio y leyendas para los aldeanos, ahora lo atraía como un imán. Allí vivía Lyara, una hechicera que había sido amiga de su familia desde hacía generaciones. Lyara era una figura enigmática, con conocimientos antiguos y poderes que muchos en el pueblo temían, pero Eryndor la recordaba con cariño por las historias que le contaba cuando era niño. El camino hacia la cabaña de Lyara era estrecho y sinuoso, y Eryndor lo recorrió con cautela, escuchando los sonidos del bosque que lo rodeaba: el crujido de las hojas bajo sus pies, el canto de los pájaros escondidos entre las ramas, y el susurro del viento entre los árboles. A medida que avanzaba, sintió que el bosque lo observaba, como si fuera consciente de su presencia. Finalmente, llegó a un claro donde se erigía la cabaña de Lyara. Era una construcción modesta, pero rodeada por un jardín exuberante lleno de plantas y flores exóticas, muchas de las cuales Eryndor no había visto nunca. Antes de que pudiera acercarse a la puerta, esta se abrió y Lyara apareció en el umbral, como si hubiera estado esperándolo. —Eryndor —dijo, con una voz suave pero firme—. Sabía que vendrías. Lyara era una mujer alta y delgada, con largos cabellos plateados que caían como una cascada sobre sus hombros. Sus ojos, de un verde profundo, parecían penetrar en el alma de quien los mirara. Vestía una túnica de color esmeralda, adornada con símbolos que brillaban con una luz suave en la penumbra del bosque. Eryndor asintió, sintiendo que la determinación lo llenaba una vez más. —Necesito tu ayuda, Lyara. He aprendido cosas sobre mi pasado… cosas que no entiendo del todo. Y siento que tú eres la única que puede guiarme. Lyara lo miró en silencio durante un momento, como si estuviera evaluando su petición. Luego, sonrió ligeramente y se apartó de la puerta, invitándolo a entrar. —Ven, muchacho —dijo—. Tenemos mucho de qué hablar, y el tiempo no está de nuestro lado. Eryndor siguió a Lyara al interior de la cabaña, donde un fuego crepitaba en la chimenea, llenando el espacio con un calor acogedor. La habitación estaba llena de estanterías repletas de libros antiguos, frascos de pociones, y objetos místicos que brillaban suavemente en la penumbra. Lyara lo condujo hasta una mesa baja y lo invitó a sentarse. —Maeron me habló sobre tu visita —dijo Lyara, mientras servía una infusión en dos tazas de barro—. Me dijo que habías empezado a recordar. Y que el Tejedor está nuevamente en movimiento. Eryndor tomó la taza que le ofrecía, pero no bebió. —Sí, es cierto. He leído sobre Vaylen, sobre la profecía y el ciclo de reencarnación. Pero todavía hay tantas cosas que no entiendo, Lyara. ¿Quién era realmente Vaylen? ¿Y por qué yo…? —Vaylen fue un gran guerrero, pero también un hombre atormentado —respondió Lyara, sentándose frente a él—. En su vida pasada, luchó contra el Tejedor y sus seguidores, intentando proteger el mundo de la oscuridad que ellos deseaban desatar. Pero Vaylen era imperfecto, como todos nosotros. Cometió errores, y esos errores lo han seguido a través de las eras. Lyara hizo una pausa, observando la expresión confusa de Eryndor. —El ciclo de reencarnación es la oportunidad que el destino le ha dado a su alma para redimirse —continuó—. Cada vida que has vivido desde entonces ha sido un intento de corregir esos errores. Pero el ciclo también es una trampa. El Tejedor ha encontrado la manera de influir en tus reencarnaciones, de mantenerte atrapado en este bucle de sufrimiento y fracaso. Eryndor apretó la taza entre sus manos, sintiendo el calor filtrarse por sus dedos. —¿Entonces estoy condenado a repetir los mismos errores una y otra vez? —No necesariamente —respondió Lyara, sus ojos brillando con determinación—. Esta vida podría ser diferente. Pero para ello, necesitarás comprender tu pasado y enfrentarlo de una vez por todas. Y no podrás hacerlo solo. Eryndor asintió lentamente, comprendiendo la gravedad de sus palabras. —¿Cómo puedo detener al Tejedor? ¿Cómo puedo romper el ciclo? Lyara se levantó y caminó hacia una estantería cercana. Sacó un antiguo pergamino, que desplegó sobre la mesa frente a Eryndor. El pergamino mostraba un mapa del mundo conocido, con varios puntos marcados en él. —El Tejedor no es solo un ser oscuro, sino también un maestro de los hilos del destino —explicó—. Ha escondido fragmentos de su poder en lugares clave del mundo. Estos fragmentos son la fuente de su influencia sobre el ciclo. Si logras encontrarlos y destruirlos, su poder se debilitar
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