La inseguridad se había convertido en una compañera constante para Geraldine desde la impactante traición de Louis. Las heridas que él le había infligido a su corazón y a su confianza eran profundas, dejándola emocionalmente marcada y vulnerable. El dolor de sus acciones era un eco implacable en su mente, un recordatorio de la persona en la que alguna vez había creído y el amor que le había dado tan generosamente. La vida de Geraldine había dado un giro tumultuoso. Como profesora de piano, siempre le había apasionado compartir la belleza de la música con sus alumnos. Pero ahora, el ritmo de su vida se había visto alterado por la disonancia del desamor y la desconfianza. Se sentaba al piano y sus dedos temblaban mientras acariciaban las teclas. La música alguna vez había sido su santuario

