Capitulo seis: supuesto juguete

1213 Words
Como Argenis estaba peleado con la mayoría de sus amigos desde la noche en que conocieron a su novia, todo su tiempo libre lo ocupaba en Jade y la mayor parte de ese tiempo libre ellos lo ocupaban en sexo. Antes no tenían lo hacían tan seguido, no por falta de tiempo, sino por vergüenza de ella pero se las ha arreglado para comenzar a quitar ésta de su novia. Lo extraño de esas veces que tenían sexo era que en algunas Argenis descubría algo extraño en su novia, al principio se extrañaba pero de alguna forma también le fascinaba, nunca había visto nada como eso en los cuerpo de las chicas con las que había estado antes. Pero luego de pensarlo llegaba a la conclusión de que debía de ser alguna señal de que Jade era la indicada o eso pensaba hasta que una vez ocurrió algo mucho más extraño que las anteriores veces en las que ellos tenían sexo. Argenis y Jade habían ido esa noche a cenar a un restaurante y luego se habían ido hasta un club para tomar algunos tragos y bailar, pero luego de un poco de alcohol de más los dos, en vez de ponerse tontos y borrachos, se pusieron calientes, y como no pudieron esperar hasta llegar a la casa del rizado o de ella, se fueron hasta el baño del lugar. Cuando estuvieron dentro comenzaron a besarse con desesperación, introduciendo la lengua propia en la boca ajena y jugando con ella. Ellos no iban a llegar al punto de la penetración en un lugar como ese, la castaña le había dicho al rizado que le parecía muy poco higiénico, por lo que él también había estado de acuerdo cuando ella le propuso solo masturbarlo, aunque ella también obtendría placer, claro, con besos y caricias suyas. Argenis comenzó a recorrer con sus manos el cuerpo de la castaña mientras la besaba con pasión, ellos estaban apoyados contra una de las paredes. Anteriormente  había trabajo la puerta del lugar, les excitaba la idea de que sea en un lugar público pero tampoco quería que un desconocido entrara y los viera en esas condiciones. La de ojos azules lo tenía abrazado por los hombros, de esta forma manteniéndolo cerca de él, mientras él acariciaba su cuerpo, prestándole cierta atención a su trasero. Argenis comenzó a mover su pelvis hacía delante, simulando la penetración con sus movimientos. Al hacer esto sintió, como muchas veces antes, esa cosa dura entre las piernas de la castaña, pero ésta vez pensó en otras teorías sobre esto, no podía ser por un vestido porque el objeto duro era similar a una erección, tenía la misma forma que a veces la suya cuando la palmeaba. Frunció el ceño en medio del ardiente beso, preguntándose qué mierda podía tener su novia en forma de pene pero luego reflexionó que de seguro era algún juguete, él no conocía muchos, ese seguramente era uno muy extraño. Argenis aumentó la velocidad de sus movimientos pélvicos, sintiendo placer al refregar su bulto contra el supuesto juguete. Su novia era toda una mezcla de ligeros y suaves gemidos, jadeos y respiraciones fuertes. Él se terminó corriendo a los minutos en sus pantalones pero no le importó porque con Jade él era feliz. Unos minutos luego de que esto sucediera él sintió como el vestido de su novia se había empapado, pero no pudo comprobar por qué o que tanto estaba mojado ya que ella se alejó rápidamente y le pidió que fueran a su casa. Y él ignoró el hecho de que la parte delantera de su vestido estuviera empapada de vaya a saber qué porque era su Louise y él estaba enamorado. El estómago de Argenis gruñó en protesta, él se había distraído tanto con Jade esa mañana que se dejó su almuerzo sobre la mesada de la cocina y ahora no tenía que comer, solo podía ir a comprarse comida recién dentro de tres horas más. Su novia se había quedado en fin de semana entero en su departamento, ellos luego iban a estar muy ocupados y no se iban a poder ver mucho, así que aprovecharon esos dos días libres para estar juntos lo más que pudieran. Pero no podía quejarse por haber olvidado su almuerzo, su fin de semana había sido el mejor que haya tenido hasta ese día. Él y su novia habían pasado las dos noches despiertos teniendo sexo y charlando sobre sus vidas, habían dormido hasta el mediodía abrazados y mientras Argenis cocinaba, Jade se bañaba. Le había sugerido que sería mejor si se bañaran juntos pero ella lo rechazó sonrojadas y el rizado entendió. En las tardes se la habían pasado viendo televisión o alguna película de las que habían alquilado, los dos días habían sido muy similares aunque de igual forma divertidos. Lo extraño había ocurrido esta mañana, luego de que ella salió del baño, se puso muy distante y le había rechazado en todas las veces que él había intentado besarla, le había pasado otras veces así que no se preocupó tanto. Ella a veces de la nada se ponía así, de mal humor, y Argenis entendía, porque era mujer y así se suponía que eran las mujeres. Dejo de pensar en cómo se había sentido cuando su novia lo había rechazado, al escuchar golpes en la puerta de su oficina. Se levantó de la silla y se dirigió hasta  para abrirla, detrás estaba la persona que menos esperaba: su novia, Jade. Traía consigo un táper, donde él había puesto la comida que se olvidó en su departamento, y una resplandeciente sonrisa. Él sonrió ampliamente al verla y luego de agarrar el que ella traía en sus manos y dejarlo sobre la mesa, fue hasta ella y la abrazó con fuerza. —Vine a disculparme por mi actitud esta mañana. Ella correspondió a su abrazo pero rápidamente lo soltó, entrando dentro de su oficina. —Está bien, mi amor. —le contestó, ampliando considerablemente su sonrisa. Él cerró la puerta y antes de que la castaña pudiera evitarlo o marcharse, se abalanzó sobre ella, uniendo sus labios con los suaves y dulces que poseía su novia, esta vez él sintió algo más que piel y suaves labios pero lo ignoró por los primeros segundos del beso. Ella se tensó al instante en que él la beso pero al ver que el de rizos ignoraba sus vellos del rostro crecidos le correspondió el beso sin problema. Argenis para poder profundizar el beso, inclinó su cabeza, acercándose más a Jade y tomo con sus manos las mejillas de ella, las sintió un poco ásperas, muy parecido a cuando él las tenía cuando se deja una barba de algunos día. Luego de pensarlo por unos segundos, mientras el beso se volvía cada vez más apasionado, se dio cuenta que su novia tenía los vellos del rostro crecidos, y que seguramente por ello no le había querido besar antes. A él no le importaba en lo más mínimo si ella tenía los vellos del rostro crecidos o si incluso llegaba a tener barba (claro que sabía que eso era imposible porque Jade era mujer), él estaba enamorado. Para demostrarle que no le importaba en lo absoluto que no se depilara por unos días, cuando se separaron por falta de aire, Argenis se inclinó nuevamente y dejo varios pequeños, suaves y rápidos besos en sus mejillas.
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