Jagger cerró la puerta tras de sí al salir de la casa y empezó a caminar. El cielo de la tarde estaba despejado y el sol, de un color naranja y cálido, aprovechaba para esparcir su luz por toda la avenida antes de esconderse en el horizonte. Había una que otra persona caminando por ahí, pero el tráfico de coches era apenas un poco más transitado de lo normal. Excepto por esto último, todo se encontraba muy tranquilo… como usualmente era. Eso no le sorprendió a Jagger. La calle en la que el farcram los atacó estaba vacía y no había percibido a nadie en las cercanías. Solo se había movido del lugar por precaución. De todas formas, aunque alguien los hubiera visto, tenía mayores problemas que resolver. Cuando los farcrams se dieran cuenta de que uno de los suyos estaba muerto, sin duda ac

