La ciudad de Ronoh había estado ansiosa porque llegara ese día y Kyrye no era la excepción. A pesar del cariño que le tenía al Caído y los Máximos, y el miedo que le profesaban los Grandes Daeces, el hecho de que los farcrams por fin cerraran una alianza con el Consejo era una idea esperanzadora para su especie. El Angmar brillaba con intensidad ese día y hacía que los largos pastizales afuera de la ciudad lucieran hermosos y llenos de vida. El olor del océano que llegaba desde atrás de la ciudad era acogedor y relajante. Parecía uno de esos días en los que nada podía salir mal, sin embargo, eso no evitaba que varias tropas de soldados estuvieran constantemente patrullando la zona. Durante meses, el rey Imra había estado debatiendo con sus consejeros la posibilidad de pactar con los Cua

