Voltar y Árides no habían visitado a Mabet y Ebet desde hacía varias décadas, lo cual no era extraño para ellos. Después de todo, ¿qué es medio siglo para seres antiguos e inmortales? Justamente por eso, Árides había decidido llevar a su impaciente esposo para allá. Se comportaba como un simple mortal ansioso, como un crío que no puede esperar a que le traigan su postre. Ella lo entendía, hasta cierto punto, pero no dejaba de molestarle. Además de que temía que Voltar fuera a hacer algo estúpido ahora que estaban tan cerca… Voltar había caminado en silencio todo el trayecto, a pesar de que les había tomado varias horas llegar. Ahora se encontraban a muchos kilómetros de Marfra, en una cueva cuya ubicación era desconocida para todas las criaturas de Gefordah y la Superficie, excepto para

