Capítulo 9 La simple mención de María o de Bruno me molesta hasta el límite de lo comprensible, y si le sumo a eso el hecho de que al voltear la vista veo a ese mismo hombre por segunda vez en dos días hablando con la mujer con la que me voy a casar, ya sea real o no, es algo que él no sabe. No me queda más que pensar que lo está haciendo a propósito. Después de golpearlo y arrastrarla a ella a casa, solo camino de un lugar a otro como un demente. – Yo le recordé que no debería de estar en esta propiedad – se justifica ella – ¿y por eso estabas sonriendo? – me comporto como si fuera su dueño. Como si me estuviera ofendiendo de alguna manera o si me estuviera traicionando, en fin. Como si nuestra relación fuera real, creo que le estoy haciendo pagar a ella cosas que no le corresponden –

