(Flashback)
Era una de esas reuniones mensuales con los amigos universitarios de su padre, y Cassandra acababa de cumplir 18 años, no sabía si Alexander estaría allí, durante el último año apenas había asistido, los padres de ambos adolescentes notaron la cercanía de sus hijos y no estaban dispuestos a poner en riesgo una amistad de tantos años por un amor de juventud que podría acabar mal.
Ese día Alexander apareció justo después de la cena. Los jóvenes fueron a jugar juegos de mesa, lanzaron dados y jugaron cartas, cuando Cassy lo vio entrar suspiró, era el chico más guapo que había visto nunca, aunque no es que hubiera realmente visto a otros chicos para compararlo, fijó sus ojos verdes en los ojos ámbar de él, que ya la miraban. Nadie dijo una palabra, todos los presentes sabían que se gustaban, pero nadie dijo nada, al fin y al cabo eran todos amigos. Alexander hizo un gesto con la cabeza y se marchó, casi automáticamente Cassy se levantó y, poniendo una excusa ridícula fue tras él. Sus padres estaban jugando al dominó en otra habitación así que tendrían tiempo de hablar, antes de que alguien notara que se habían ido.
- ¿Y? ¿Qué hay de nuevo, niña? - Alexander empezó a hablar. Su pose de chico malo a la vista.
- No mucho, empiezo la universidad el mes que viene, quiero especializarme en administracion y negocios. Quizá encuentre un CEO atractivo interesado en mí, quién sabe. ¿tú?- Cassie sabía que provocarlo no era la mejor idea, pero no se habían visto en meses, ni una sola llamada y ella estaba molesta, además el conocía su personalidad, y le gustaba, era la mujer más fuerte y desafiante que había conocido, y le encantaban los retos, casi tanto como le encantaba ella, así que la acorraló contra la pared, y con su cara a solo centímetros de ella le dijo:
- ¿Sí? Creo que tendré que montar mi propia empresa entonces, podría necesitar a ese especialista en negocios muy pronto- Su voz ronca casi la hizo retorcerse.
Cassandra no estaba segura de cuándo se dio cuenta de que lo amaba, quizá cuando tenia ocho años o quizá cuando cumplió quince, ¿quien sabe?, solo sabía que nunca había dudado del amor que sentía por él, nunca se lo dijo, y tampoco lo había oído de él, pero estaba segura de que él sentía lo mismo.
Alexander pareció reaccionar y, alejándose de ella, le dijo en un tono más serio:
- Mi padre me echó de casa, por eso no venido ido a las reuniones. He estado intentando resolverlo todo, no quería preocuparte, así que no te dije nada.
Cassie estaba asombrada, sabía que el padre de Alexander y él no tenían la mejor relación, Alex le dijo hace unos años que creía que su padre había engañado a su madre y el hecho de que Alexander se convirtiera en un adolescente rebelde no ayudó, Cassie sabía todo esto, pero no sabía que las cosas habían empeorado tanto.
- Deberías haberme llamado, te habría ayudado o algo.
- ¡Eh, no te preocupes! Además, soy yo quien tiene que cuidarte, no al revés. Y, no sé, sentía que todos estaban en mi contra, mi madre no hizo mucho para impedir que me fuera, mis hermanos querían intervenir pero te puedes imaginar que pasó, casi los echan conmigo. En su cara ella veía tristeza y derrota.
- Sabes que no todo el mundo está en tu contra, ¿verdad? Yo, por ejemplo, nunca podría estar en tu contra—le dijo mirándolo a los ojos y viéndolo cubrir la triste expresión con una sonrisa de lado.
- ¿De verdad? ¿Vas a estar conmigo contra el mundo? Cuando todo y todos se opongan a mí, ¿vas a estar de mi lado?- Era una pregunta sencilla, pero mientras la decía se acercó, la abrazó y puso la nariz en el hueco de su cuello.
- Mmhmm- Tarareó.
- Necesito palabras, niña
- Sí, estaré de tu lado -dijo y le oyó respirar aliviado
- Gracias... Por ponerte de mi parte—dijo susurrando y abrazándola increíblemente cerca con su aliento justo encima de su oreja.
- Siempre- fue su única respuesta y con eso él le besó suavemente el cuello mientras la abrazaba.
(Fin del flashback)
-Mamá, ¿me estas escuchando? Quiero espaguetis para cenar—la voz suave de Ethan sonó desde la puerta de la cocina.
- Sí, cariño, te escuche, termino en veinte minutos, avísale a tu hermana. - Cassie salió de su ensoñación, ¿qué le pasaba? Era inusual que sus recuerdos la atacaran varias veces en un solo día.
Quizá necesita salir, desde que su marido murió, Cassie no se había tomado tiempo para ella misma ya no digamos para conocer gente nueva, ese recuerdo quedó grabado en su memoria, ese gesto romántico había sido el más íntimo de su vida, ¡maldita sea! Había tenido sexo menos íntimo que ese maldito beso en el cuello. ¡Contrólate, Cassandra!.
No era momento para ensoñaciones, tenía que encontrar un nuevo colegio para los niños, preparar Dios sabe cuántos documentos para sus clientes y asistir a una conferencia en Nueva York el viernes, era el peor momento para perder concentración. Mientras buscaba referencias de escuelas en internet, terminó de cocinar y llamó a sus hijos para cenar; decidió hablar con ellos sobre las escuelas disponibles, quería que sus hijos estuvieran cómodos en su nuevo colegio, así que debería preguntarles.
-Así que, después de lo que ha pasado hoy, creo que deberíamos buscar un colegio nuevo.
-No quiero volver a ver la cara de Tommy, así que me parece bien. - Ethan concedió
- Y no creo que yo vaya a extrañar mucho a la señora Hudson- añadió Chelsy
- Entonces está decidido, busqué algunas escuelas y quiero que vean las opciones, si les gusta alguna, podemos visitarla temprano mañana, ¿qué les parece?
Mientras los niños comían, Cassie explicó tres escuelas que le parecían buenas opciones, cerca de su casa y con actividades divertidas. Tras un rato de discusión, el trío llegó a un acuerdo.
–¿Qué crees que pensará el abuelo de esto, mamá?- Chelsy siempre seguía el consejo de su abuelo y lo quería mucho. Justo en ese momento escucharon la voz del padre de Cassandra.
-¡Ya llegue!,¡El abuelo está en casa! - La voz firme de Arthur Donovan vino desde el salón. Cuando murió el marido de Cassie, Arthur le ofreció a la joven madre mudarse a su propiedad; él también había quedado viudo recientemente, en tan solo un año perdió a su esposa y luego a su madre, y unos meses después el marido de Cassie murió en un accidente de auto, Arthur y su hija estaban de fragiles y eso los unió aún más; eran su apoyo mutuo y compañía, y aunque Arthur temía que su hija tuviera que criar sola a sus hijos, se conformaba con saber que aún podía ayudarla, además adoraba a sus nietos, tenía un hijo mayor que vivía cerca, pero Cassie siempre fue su orgullo y alegría, y tenerla cerca lo era todo. La propiedad de los Donovan era lo suficientemente grande, así que cuando Cassandra aceptó ir a vivir a la casa familiar, Arthur construyó un pequeño apartamento en la parte trasera para poder dar algo de espacio y privacidad a la pequeña familia.
- ¡Abuelo! - gritaron ambos niños emocionados.
-¿Qué tal su día, campeones? ¿Qué hicieron?
- Un chico habló mal de Ethan y le dimos una paliza- dijo la chica agitando sus puños.
-¡Chelsy! - advirtió su madre. Arthur miró a los dos pequeños con los ojos bien abiertos, miró a su hija en busca de confirmación y ella asintió.
- Sí, abuelo, le dí un puñetazo a ese matón en la cara, como me enseñaste, ¿crees que el tío Damon estará orgulloso? Esas clases de boxeo realmente funcionan. Arthur empezó a toser fuerte para interrumpir al pequeño, que pareció darse cuenta de su error y solo miró a su hermana:
-Vamos Chels, creo que podemos jugar videojuegos antes de dormir; antes de que su madre pudiera decir nada, ambos salieron corriendo de la habitación.
- Así que... ¿Tú y mi hermano le han estado enseñando a boxear a mi hijo de cinco años? Qué amable por su parte!, y ahora tengo que buscar un colegio nuevo, muchas gracias. - La joven madre miró a su padre con una expresión falsa de enfado.
-¿Lo expulsaron? ¡Pero el chico solo se estaba defendiendo! - Arthur en modo papá oso era algo entretenido de ver.
-No, papá, no lo expulsaron, decidí sacarlos de ese colegio después de que la directora defendiera al agresor, pero aun así Ethan no debería haberle pegado, y tu pequeña princesa también participó, tiró al niño al suelo...
- Bueno, mi amor, ¿qué quieres que te diga? Los niños deben saber defenderse, además, tu hermano y yo solo le enseñamos un poco de boxeo al chico, no a Chelsy- dijo Arthur, con orgullo.
- Sí, sí.- Cassie agitó la mano con desdén, ambos Donovan se fueron a dormir tras acostar a un Ethan muy somnoliento y una Chelsy adormilada.
A primera hora de la mañana siguiente, Cassie llevó a sus hijos a visitar la nueva escuela; gracias a Dios, la escuela primaria era todo lo que prometía la publicidad y más, tenía una piscina donde los niños tomaban clases de natación y diversas actividades como clases de ballet y kárate. Después de todo, parecía que el cambio sería para mejor. Una vez matriculados en el nuevo colegio, Cassandra llevó a sus hijos a casa de su hermano, donde su cuñada, Bridget, había accedido a cuidarlos. Su cuñada era una mujer alemana que su hermano Damon conoció mientras viajaba por Europa; se habían enamorado a primera vista y llevaban quince años siendo un matrimonio estable.
- Ok chicos, comportense bien con la tía Bridget y el tío Damon, sus primos están en el colegio, así que hoy no los van a ver.
- Sí, mamá, ya nos lo has dicho veinte veces, nos portamos bien y te llamamos si necesitamos algo, adiós. - Chelsy no se contuvo...
-Ok, un beso... mmuuuaaakkk... Que Dios nos cuide mientras estemos separados—dijo Cassandra mientras besaba la cabeza de cada uno de sus hijos.
- Y que nos reúna sanos y salvos- respondieron ambas.
Despidiéndose de su cuñada y marchándose al trabajo. Iba camino a la oficina, la visita al nuevo colegio se había alargado más de lo esperado, su teléfono sonó, el nombre de Amanda iluminó la pantalla.
- ¡Buenos días, Amanda! Voy para allá, ¿qué pasa?
- ¡Hola jefa! Aquí todo bajo control, solo que tienes una llamada de Texas, ella dice que es bastante urgente y fue muy clara en querer hablar contigo personalmente. ¿Quieres que transfiera la llamada? - Que extraño. ¿Quién podría querer hablar con ella personalmente y exigirle cosas a sus empleados? Bueno, no importaba quién fuera, Cassie tomaría la llamada y dejaría claro que no permitiría que nadie hablara así con su gente.
- Está bien, Amanda, transfiere la llamada, por favor- La consultora acababa de parar en el cruce y tuvo que dar gracias a Dios por el semáforo en rojo cuando la voz que pensó que nunca volvería a oír vino del otro lado de la línea.
- ¡Hola Cassy! ¿Cómo has estado? - Se quedó paralizada....