—Estás muy cerca, puedo sentirlo. ¿Quieres correrte? Quiero correrme tanto que tengo ganas de llorar. Impotente. Estoy completamente impotente. No tengo ni una onza de control en mi cuerpo o mente y me encanta. —¡Sí, por favor! Te lo ruego... Su ritmo se acelera. Me folla con los dedos y su boca junto con los dientes y la lengua hacen magia en mi v****a haciéndome ver luces azules y rojas. De la nada, muerde mi clítoris y entonces sucede. Cierro los ojos, y el orgasmo que había estado esperando vuela como un millón de estrellas fugaces. Me eleva más y más alto, dejando un rastro de fuego incontrolado a su paso, hasta que explota en mil billones de cuerpos de luz más pequeños que cubren la pista de baile metafórica. Él sigue lamiéndome y besándome incluso después de que termine y no s

