VENUS Gruño en señal de desesperación, lanzando mis últimas prendas de ropa a mi cama. He pasado alrededor de veinte minutos tratando de escoger algo que ponerme, pero nada me llama la atención, siento que nada es suficiente para este momento en el que definitivamente estoy exagerando. A excepción… —¡El abrigo! —chillo y corro hacia la lavandería que tenemos en el primer piso. Busco entre los canastos de ropa limpia, hasta que finalmente encuentro lo que tanto he estado buscando. Sonrío y lo abrazo como una completa ridícula, pero no me importa porque sé que esto es lo que voy a utilizar. Corro de nuevo escaleras arriba y entro a mi habitación, tomando el tiempo. Son las diez, pero debo dejar una coartada en caso de que mi madre llegue algunas horas antes. Pongo sobre mi escritorio una

