Eros -¡Maldita sea!- murmuré sin poder evitarlo antes de llevarla por el maldito helado. Esto aún no ha comenzado y ya me está costando contenerme. Si permito que me manipule fácilmente de esa manera estaremos todos en peligro, porque luego de dar saltitos de alegría como una niña me agradece dándome un tierno beso en la mejilla que provoca que me ponga duro en un segundo y quiera comérmela entera aquí mismo por ser tan dulce y sensual al mismo tiempo. ¿Es que acaso esta mujer no se da cuenta de las reacciones que provoca en los hombres con esa actitud? Si le sumas un cuerpo de mil demonios y esos hermosos ojos esmeraldas, es la mujer más excitante que vi en mi vida. -No vuelva a hacer eso, señorita Smith.- le gruñí, mi voz salió más dura de lo que pretendía. Automáticamente, noté la

