Eros Mi perdición, que haya gemido en mi boca, fue mi maldita condena, no hay vuelta atrás, voy a volverme jodidamente adicto a esta boca si no me detengo en este momento, pero es que tiene la boca más dulce que probé en mi vida. Malditos seres humanos que si no tuviéramos que haber parado para respirar podría pasar el resto de mi vida devorando esos suaves labios. -Lo siento, señor Cook, realmente lo siento. No sé qué me pasó yo… yo…- la interrumpí poniendo un dedo en sus labios, más que para callarla fue para sentir su suavidad otra vez. Parece tener una jodida boca de terciopelo y rojos como quedaron después de mi beso, me recuerdan a los pétalos de una rosa. -Kath no te disculpes, te presioné demasiado y nos dejamos llevar. No te preocupes que no se volverá a repetir.- le digo y c

