Abrí los ojos y allí estaba ella, parada a los pies de mi cama con la bandeja del desayuno entre sus manos, como todos los domingos.
– Buen día dormilona– susurró con su suave voz que la caracteriza
Acto seguido dejó la bandeja en
la mesa de luz y se retiró de mi cuarto. Cuando me dispongo a tomar el café, entra corriendo a la habitación Luz, mi sobrina, brinca sobré mí y en ese instante di forzadamente por finalizado mi desayuno, ya que mi taza rodó debajo
de la cama y el café quedó sobre mi remera, pero cuando se trata de Luz nada más importa. Le hace honor a su nombre, ella es una niña súper radiante, dulce, amorosa, inteligente, siempre feliz y a los brincos, desde el primer día que la tuve entre mis brazos supe que tenemos una conexión especial.
–Vamos tía, tienes que ver esto– Exclamó toda eufórica, mientras les daba suaves tirones a mis brazos.
Recuerdo que la tomé entre mis brazos y en pijama todo manchado con café, bajé por las escaleras hasta la cocina donde se encontraba mi mamá y mi hermana mayor tomando mates. Mientras mi cuñado acomodaba sobre la mesada una pequeña pecera con un dulce pez naranja en ella. No debía ser adivina para saber qué era lo que Luz me quería mostrar.
– Mira, mira tía. Ayúdame a escogerle un nombre.
– ¿Qué te parece si lo llamamos Filip?– sugerí.
– ¡Filip! ¡Me encanta! Ahora debo alimentarlo.
En ese momento Michelle, serio, frío y sin muchas palabras, como de costumbre, nos alcanza un recipiente pequeño con un olor bastante desagradable. Mientras le explicamos a la pequeña cómo debía manipular el producto.
Ring, ring, suena el teléfono de casa, es papá consultando por tercera vez la lista de las compras que le había indicado mamá. Era innecesario esa cantidad de llamadas porque igual compraría la mitad de las cosas, típico de papá, todo lo que hacía quedaba inconcluso, justo en la mitad. Por ende, mamá estaba terminando el estofado que él había comenzado hacer antes de ir al centro de compras.
Ya era medio día, papá llegaba con todas las bolsas y como les anticipé compró la mitad de las cosas que mamá le había indicado. Todos colaborábamos en poner la mesa, menos Luz. Ella no podía dejar de observar su nuevo pez, creo que era el octavo que le compraban en el año, está vez por su cumpleaños.
A la hora de almorzar, es mi momento favorito, cuando la familia esta reunida el tiempo parece detenerse,
disfruto tanto estar con ellos, creo que es lo mejor que me ha pasado en la vida. Una vez que comenzamos a comer, papá no dejaba de hablar de los trabajos que había hecho su nieta en el jardín, mientras las mujeres entre risas discutíamos los últimos detalles que faltaban para el festejo de los cinco añitos de ella.
Cuando se trata de Luz todos enloquecemos de amor, nos tiene enamorados desde que nació. Parece que su único plan ha sido traer paz y felicidad a la familia. El día en que nació recuerdo que hacía un calor infernal, parecía pleno verano. Recién era octubre. Fui yo, quien llevó a Liz al hospital y lidié con sus nervios e histeria hasta que entró a la sala de partos. Ella es mi única hermana, nos llevamos un año y medio de diferencia en edad. Parecíamos gemelas, todo lo hacíamos juntas, somos mejores amigas desde siempre, la conozco tan bien que yo sé que no estaba pasando un buen momento. Durante el embarazo estuvo muy sola. Michelle desde que se enteró que iba a ser papá se obsesionó con el trabajo. Su relación dependía de un hilo. Según mi hermana era como vivir con un desconocido, muchas noches contuve sus llantos por más de dos horas al teléfono. Cuando se casó se fue a vivir a kilómetros de casa, pero la distancia no fue problema para nosotras, todos los días nos hablábamos. Una semana antes que naciera Luz, se mudaron al barrio nuevamente por razón del trabajo de Michelle, para nosotras fue un gran alivio, tenía a mi hermana y mi futura sobrina a tan solo metros. Todos los problemas de su matrimonio se disolvieron con el nacimiento de la niña, como por arte de magia. Michelle equilibró su trabajo y le comenzó a dedicar más tiempo a su mujer e hija recién nacida. Aunque es muy frío, se le nota el amor que les tiene a ellas. Típico alemán, alto rubio, ojos claros, de piel casi transparente, un tipo de buen corazón pero que le cuesta mostrar
afecto. Todo lo contrario, a mi hermana, una morena hermosa, de ojos color café, nariz pequeña, pelo largo y lacio, muy oscuro, extrovertida, muy divertida, en ocasiones algo histérica y con un doctorado en abrazos. Incluso tengo mi teoría que a sus pacientes los sana con un solo abrazo. Nos parecemos físicamente excepto por mis ojos claros. Luz me recuerda mucho a mí cuando era
pequeña, delgada, ojos claros y piel morocha. Pero ella viene con una sobrecarga de energía que es de otro planeta.
En esa época también había problemas en casa. Mamá entró en una depresión muy grande debido a la crisis económica que atravesaba la familia, y la mudanza de mi hermana con su esposo.
Pasaba los días en su cuarto, a oscuras, sola, sin querer comer, su aspecto era precario, era muy triste y frustrante ver a mamá así. No atendía las llamadas de Liz, ni me dirigía la palabra. Sólo se dirigía a papá, cuando llegaba del trabajo, para preguntarle como estaba el panorama, qué cuánto dinero se perdió ese día, y cuánto dinero había en nuestra cuenta de ahorros. Cada día las respuestas eran más negativas. Tomaba un vaso, se servía una medida doble de su whisky favorito y se encerraba en su habitación nuevamente.
Le pedí a Liz si podía viajar para estar con mamá y fue allí que tuve detalles de su relación, claramente no estaba en condiciones de lidiar con un problema más.
Yo ya no sabía que hacer, aunque dicen que las madres aman a sus hijos por igual, sé que mi hermana siempre ha sido la favorita. Solo ella podía convencer a mamá de retomar con las sesiones de terapia. Ella se destacó en todo lo que hizo, es la estrella de mamá. Practicábamos el mismo deporte, en el mismo club, pero ella era la capitana; asistíamos al mismo colegio y a pesar que todos los años salí mejor compañera, ella fue abanderada por lo que todos mis diplomas pasaron a la historia. Se graduó con honores en la mejor Universidad de Ciencias Médicas de la región, la nombraron jefa de Residencia y se casó con el médico más codiciado del hospital en el que trabajaba. Para mamá sin duda Liz era una mujer realizada, sus palabras tienen peso, las mías se las lleva el viento, como si carecieran de autoridad por ser "simplemente una artista desempleada y sin marido", nunca se atrevió a decirlo, pero en su mirada lo veía fácilmente con claridad.
Yo prefería mantener un perfil bajo y si pasaba desapercibida mejor, no me gustan las peleas, ni los conflictos, por eso nunca confronté a mamá.
Mamá parece sumergida en los estereotipos que impone la sociedad, nos inculcó que era más que necesario obtener un título universitario, un marido e hijos, estabilidad económica, y mantener una buena imagen, femenina y elegante, ante todo. Por momentos creo que está equivocada, pero siento no tener argumentos para refutar al respecto, como si no supiera que es lo correcto o lo incorrecto, era algo así como no saber sobre qué estaba parada y todo se resume en mi esfuerzo por cumplir con sus mandatos. Mamá nos ha criado con mucho amor, tiene una dulzura particular su voz, parece la de un ángel, sus manos frías y suaves parecen de una muñeca de porcelana. Su cabellera ondulada castaña, le llegaba más abajo de la cintura. Muy dedicada a su familia, una exitosa diseñadora, pero con algunos defectos compradora compulsiva y tendencia a sumergirse en un mundo oscuro. Algo que admiro es la forma en que ama y cuida a papá como si fuera de cristal y en un cerrar y abrir de ojos se cayera y se hiciera pedazos. Es su joya más apreciada. No encuentro las palabras para describir cuanto lo ama.
Papá dedicó más de la mitad de su vida, a amarla, cuidarla y respetarla. La conoció a sus veinte años de edad, describe que fue amor a primera vista. Yo a mis treinta años sigo sosteniendo que es tan solo una frase bonita, eso del flechazo de cupido no va conmigo. Él es un hombre que creó su propia empresa desde cero, comenzó en el living de casa; hoy es la empresa más importante de la región, facturando millones de dólares por años. Lo que nos dio un nivel adquisitivo medio-alto. Papá es el hombre más lindo y sencillo del mundo, alto, fuerte, de espalda ancha, manos grandes, con una cabellera frondosa, tan frondosa como la copa de un árbol seco. Pero para mí le da una nota de madurez su calvez. Es morocho de ojos claros lo más hermoso que he visto en mi vida. Amo a mi papá, no hay hombre como él. Cuando encuentre un hombre como él, prometo que me caso. Tiene un de corazón tan sensible, en todos los sentidos, por un lado, porque es muy bueno y sentimental, y por otro porque hace años está sufriendo por lo que está realizándose diferentes estudios para poder dar con la causa de sus problemas cardiacos.
Yo soy su princesa, le puedo pedir la luna que me la va a dar. De hecho, un día le pedí que me regalara la luna, el sol y las estrellas. A la salida del colegio me esperó con una caja muy pintoresca de muchos colores, como si fuera un arcoíris con un moño fucsia gigante, cuando la abrí me encontré con galletas en forma de sol, luna y estrellas. Creo que se pueden imaginar la felicidad que tenía, por supuesto pasé días presumiendo que papá me había regalado todo el cielo, a todas mis amigas de la escuela. Papá me seguía todos mis caprichos.
Cuando nos uníamos con mi hermana le sacábamos lo que se nos ocurriera. Nos ama sin condición, jamás nos regañó. Ni cuando chocamos la camioneta con Liz; en el afán de querer aprender a manejar sin siquiera llegar a los pedales. En nuestras mentes el plan era lógico y no le veíamos fallas, ella daba la dirección con el volante y yo le daba la potencia presionando con mis dos manitos el acelerador. Papá a toda velocidad llevó la camioneta al taller, antes que mamá se diera cuenta de lo que hicimos, eso nos hubiese costado meses de castigo, si papá no nos cubría. No soportaba saber que estábamos castigadas.
Soñó toda su vida con crear una empresa familiar, con un sólo objetivo: para mantener cerca y unidas a sus niñas. Pero no fue posible, ya que elegimos otra dirección para nuestros futuros, mi hermana médica y yo graduada en artes. En fin, papá no pierde la
esperanza que un día algunas de las tres mujeres se sienten en la silla presidencial del imperio que ha creado. Cada vez que tiene una oportunidad nos recuerda el esfuerzo que le costó hacer crecer la empresa, que, así como nos viene alimentando por años, puede seguir alimentando a nuestras familias y cerraba su discurso con una frase típica:
– No puedes ganar la guerra contra el mundo, si no puedes ganar la guerra contra tu propia mente. Piensa en mi propuesta, mi cielo.
– Papi es mejor que desistas de esa idea. Liz y yo te lo agradecemos, pero sólo tú soportas estar todos los días en ese lugar. Ni qué hablar de mamá, sólo se dedicaría a darle glamour a esas paredes húmedas. – dije con una sonrisa y le di un cálido abrazo.
Ese acto le hacía digerir mejor mis duras palabras, por más que se lo dijera de la forma más dulce, para él era muy fuerte escucharlas.
Algo que he aprendido es ver lo bueno de cada una de las personas que me rodean. No hemos sido la familia perfecta, tenemos nuestros defectos y problemas. Pero el amor que me ha dado esta familia es perfecto. Todo lo malo desapareció hace cinco
años atrás.
La empresa de papá estuvo al borde de la quiebra, pero gracias a unos inversionistas del exterior que apostaron por la labor y el proyecto que había, es que poco a poco resurge y sigue siendo la mejor en su rubro. Mamá al ver como crecían los dígitos en las cuentas bancarias, salió de su habitación y pasaba largas tarde de shopping, su aspecto volvió a ser espléndido, fluyó la relación con papá, volvió a mimarme con pequeños gestos, e incluso remodeló cada rincón de la casa.
Comenzó con el patio. El jardín era todo césped con una piscina en el medio, a la cual le agregó luces y una reja pensando en el momento que su nieta diera los primeros pasos. Colocó plantas con flores de color rojo y amarillo, estas fueron mis preferidas por el
aroma que despiden. Cambió la mesas y sillas que estaban en la parte de la parrilla hasta contrató un jardinero, para mantener todo lo que hizo con sus propias manos, por primera vez.
Luego fue el turno de la cocina, retiro todo aquello que tenía un borde y podía ser peligroso para la nueva integrante de la familia, lo mismo hizo en el living, renovó cada adorno, cada mueble, y cada pared.
Los dormitorios directamente los hizo de nuevo, con un estilo minimalista. La habitación de Liz pasó a adaptarse a un lugar donde la bebé tuviera todas sus comodidades y pudiera tomar sus siestas cuando nosotros nos reuniéramos.
La entrada de casa también cambio por completo, ahora era mucho más iluminada y con un aspecto moderno. La verdad que me sorprendió con su trabajo, sobre todo me sorprendió lo bien que la veía a ella.
– Has hecho un buen trabajo, mami.
– Gracias hija, nuestras vidas necesitaban de algunos cambios.
– Me alegra verte bien.
– Ahora que soy abuela, tengo mucho por hacer, estoy más que motivada.
A su tiempo las cosas se acomodaban para todos. Éramos felices otra vez, dejamos atrás tantas preocupaciones. Entre pañales sucios, los llantos de la bebé y sus risitas, no había nada que opacara el momento de que la familia está unida y feliz.
Paralelo al nacimiento de Luz y todo lo bueno que trajo con ella. Mi vida parecía estar en su punto de auge, con mi familia sana y cerca, parece que no necesito más. Pero mamá está allí para recordarme sus metas que tiene para mí.
– Sophia deberías evaluar de salir más con tus amigos. Tu hermana ya tiene su familia y tú aun no tienes un buen hombre a tu lado. Ni tienes un trabajo del cual puedas vivir. – dijo mamá con voz imponente, pero con el tono dulce que la caracteriza.
– Mamá, cuantas veces debo decirte que mi trabajo me da la remuneración necesaria para vivir. Respecto al compañero de mi vida aun no aparece el indicado.
– No has traído ni un novio a casa, Sophia. ¿A caso, te gustan las mujeres? – Preguntó mamá asombrada.
– ¡No mamá! – exclamé
– No te he presentado a ningún chico porque no me han sorprendido lo suficiente como para entablar algo serio. Además, tengo mucho trabajo, estoy la mayor parte de mi tiempo enfocada en eso. En unos meses tengo la muestra más importante de mi carrera. Es mi oportunidad para llegar a donde quiero, me convertiría en una artista reconocida a nivel mundial.
– Ay hija mía, si sigues trabajando tanto, te pondrás vieja y no vas a conseguir un marido con quien tener tus hijos. Mira tu hermana.– La interrumpí.
– Se me hace tarde para ir al taller, esta muestra es muy importante para mí. Me gustaría que lo entiendas algún día. – Agarré mi cartera y me retiré de la casa.
Estoy harta de los discursos de papá y mamá, cada vez son más constantes. En su mundo no encaja que su hija treintañera no tenga esposo, ni hijos. Para ellos la carrera que estudié no es una carrera universitaria. No entienden el valor del arte. No saben apreciar
una buena obra. Hasta hace poco también me recriminaban por qué no elegí estudiar otra cosa. Por momentos siento tenerlo todo, y por momentos me siento incompleta.
Hago lo que me hace feliz, volar, crear, disfruto la vida a mi manera. Soy buena en mi trabajo. Amo a mi familia y mi familia me ama. No entiendo que me pasa. No sé de dónde viene esa sensación que me falta algo. Reconozco que no soy muy sociable y evito salir con mis amigas y amigos. Tampoco tengo muchas citas.
Hay veces que me retumban en la cabeza las palabras de mamá, sobre lo trágico que puede ser que yo no encuentre mi "media naranja". Pero pienso que mi vida es una rica ensalada de fruta como para amargarla con limones. No necesito sufrir por mal de amores. Ya me pasó con mi primer novio en el secundario y no quiero vivirlo de nuevo. Te ilusionas, te mienten, te usan y después es una la que tienen que gastar en pañuelitos para secar las lágrimas. Si de algo estoy segura, es que no necesito ningún hombre en mi vida, no necesito que nadie me mantenga, yo puedo sola con todo lo que me proponga.
Cuando aparece esa vocecita en mi cabeza diciéndome que algo me falta. Me pongo mis zapatillas deportivas, calzas, auriculares y mi lista de canciones preferida en Spotify y salgo a caminar al parque de la ciudad, que por ahora es mi lugar en el mundo.
Si todo sale bien en la próxima muestra podré empezar a recorrer el mundo y descubrir cual es mi lugar realmente en el mundo.