CAPÍTULO 05

2038 Words
━━━•ஐ[★]ஐ•━━━ No supo cuanto tiempo se quedó dormida, pero por la posición del sol debía de ser pasado el medio día. Se pasó la mano por el rostro. «¡Joder! Voy a perder el ciclo del sueño», pensó. Había pasado cierto tiempo en el cual ella se despertaba pasada después de las tres de la tarde. Aunque era solo en verano, las primeras semanas de clases las pasaba como un zombi, durmiendo en clases. Se levantó, se dio una ducha, y decidió buscar algo que comer. Lamentablemente, no había nada, así que tendría que ir al supermercado un momento. Pero primero pasaría por casa de Helen, tenía que informarle lo que estaba pasando. Sobre todo porque el ingreso del alquiler de su apartamento, era importante para su familia. Entró por la cocina, y se encontró con que Richard y ella estaban conversando. Aunque el hombre trabaja para una empresa constructora, cuando tenían mucho trabajo le daban tres días seguidos de descanso. Tenía ese privilegio por ser el primo de la asistente personal del dueño de la empresa. —No sé qué le ha pasado —manifestó Helen—, lo único que sé es que no es normal que Alina llegue del trabajo a las nueve de la mañana. —Eso es muy raro —dijo Richard. La pareja no se dio cuenta de que ella estaba parada en la puerta con los brazos cruzados por encima de sus pechos. —Me despidieron —les soltó de golpe. —¿Cómo que te han despedido? —Helen se detuvo en seco y caminó hasta en donde ella se encontraba. —¿Cuál fue el motivo? —preguntó Richard un poco asombrado. —Me imagino que por hacer bien mi trabajo —respondió Alina encogiéndose de hombros. —¿Qué se supone que harás ahora? —quiso saber su prima. —Me imagino que buscar otro trabajo —respiró profundo y la miró—. No te preocupes por el dinero de la renta, te adelantaré unos meses y tomaré el primer trabajo que encuentre. No quería que ellos se preocuparan, tenía pensado que en cuanto le dieran el cheque de su liquidación, se lo daría a Helen para cubrir el alquiler. Los meses próximos para ellos eran duros. —Alina… —Helen carraspeó un poco— Sabes que eres bienvenida y que podemos esperarte. —Lo sé, cariño —se acercó a ella y la confortó acariciando su brazo—. Por ahora estaré en casa, y comenzaré mañana mismo a enviar resúmenes curriculares. «Espero que ese granuja del señor Corson, no me cierre las puertas de mi carrera», pensó un poco preocupada. De pronto Robert se le quedó mirando, como si estuviera analizando un rompecabezas. —Creo que puedo ayudarte —inquirió mientras sacaba de uno de los bolsillos de su bermuda de jeans su teléfono celular—, tengo la solución perfecta para ti. Alina lo miró un poco extrañada, pues no sabía de qué iba y le daba un poco de desconfianza. Vio al esposo de su prima ir hasta la sala, mientras que ella buscaba un poco de café para tomar. No pasaron ni cinco minutos, cuando le devolvieron la llamada miraba las dos mujeres. Con el ceño fruncido, por la curiosidad. —Sí, ella es profesional en psicopedagogía… —hizo una pausa—¡Por supuesto que es egresada dela universidad! Se hizo de nuevo silencio, y solo veían al hombre asentir con la cabeza. —Trabajó en el Centro de Aprendizaje de Norton State hasta el viernes —Robert continuó explicando, al mismo tiempo que le dio una mirada cómplice a Alina— ¡Vamos Charlotte es la prima de Helen! Puedo dar fe de que es buena chica, ella vive con nosotros —de pronto Robert sonrió de oreja a oreja— Por su puesto le diré que lo haga ahora mismo, no te preocupes. ¡Gracias a ti por estos favores! Robert se disponía a contarle todo a Alina y a su esposa cuando su teléfono celular, sonó de nuevo en su mano. —¡Oh, está bien! —miró hacia donde ella se encontraba—. Sí, está disponible. Le diré que vaya contigo en este preciso momento. Colgó de nuevo. —¡Ya tienes empleo! —Robert le informó sonriendo de oreja a oreja. El alivio que sentía en ese momento era inexplicable. Quizá no era el empleo que esperaba, pues había estudiado para ser ejercer su carrera. Tenía cuatro años haciéndolo, y se sentía un tanto nerviosa, ya que todavía no sabía qué actividades iba a desempeñar. Cuando puso un pie en el lugar de comida rápida, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza. Encontró en una mesa a una mujer joven con gafas de leer, vestida de manera ejecutiva frente a su portátil. A su lado, una niña de cabello oscuro, ojos claros comiendo un cono de helado. Inmediatamente, supo que era Charlotte, la prima de Robert. Caminó hasta donde se encontraban. —Hola, soy Alina Clark —le dijo cuando estaba en frente de la mesa, la mujer no había apartado los ojos de su ordenador portátil. Fue cuando, entonces, Charlotte se dio cuenta de su presencia. —Oh, si estaba esperando por ti —le hizo señas—, toma asiento por favor. Su mirada se cruzó con la de la pequeña, y pudo ver un toque de tristeza en aquellos hermosos ojos que le resultaron familiares. —Mi nombre es Alina, ¿cuál es el tuyo? —le sonrió a la niña. —Ella no habla… —contestó con un toque de pena en su voz Charlotte. Alina simplemente asintió y con el dedo índice le hizo gesto, preguntando si escuchaba. La mujer le hizo una mueca con la boca afirmando. Se dio cuenta de que a su lado había una tablet y unos audífonos que por el color era obvio que eran de ella. De manera automática buscó en el dispositivo algún video de caricaturas, enseguida la niña devolvió la sonrisa, cuando puso sobre su cabeza los auriculares. —Estamos mejor así —le dijo Alina—, ¿Cómo se llama? Charlotte la miró con cierta pena. —Kate y cumplirá siete años en unas semanas. —Entiendo, ¿y sus padres? —Su padre, querrás decir… mi jefe Edward McLean y su madre falleció. —Por eso no habla —Alina no preguntó, lo afirmó. —Había pasado un mes del accidente, cuando Kate dejó de hablar. —¿Estuvo en el accidente? —Por lo que me han contado, sí —se encogió de hombros—. Yo solo tengo dos años y medios trabajando con el señor McLean como su asistente. —No puedo creer que durante este tiempo, su padre sí es dueño de una empresa y tiene los recursos, no la haya llevado a algún especialista. Charlotte negó con la cabeza. —La niña tiene apenas viviendo con su padre unos siete meses. Alina no pudo evitar fruncir el ceño. —¿Cuál fue el motivo? —inquirió con curiosidad. —Los abuelos maternos iniciaron una demanda por la custodia de Kate, la cual no ha terminado. Solo que el señor McLean consiguió que un juez le permitiera estar con ella durante algún tiempo. —¿Para que la niña se adapte a él? —miró a Kate de reojo inmersa en su mundo— Cuando se quede con la custodia completa. —La verdad no sé qué decirte, esos son temas privados de la familia de mi jefe y no me pagan, por eso —se bajó las gafas hasta la punta de la nariz, y agregó de manera seria: —Tampoco que quiero más responsabilidades, con las que tengo son suficientes. —Entiendo… —Pero noto en este corto tiempo que tenemos charlando, que Robert tenía razón y estás calificada para el puesto. —¿Y este es? —tuvo que preguntar, porque hasta ahora no sabía cuál iba a ser su trabajo, pero sospechaba que tenía que ver con la pequeña a su lado. —Te encargarás de Kate —le soltó—, serás su tutora de manera completa. —¿A qué te refieres de manera completa? Alina preguntó con sospecha. —Robert, no te dijo, ¿cierto? —entrecerró los ojos hacia ella. Negó con la cabeza, y Charlotte masculló una maldición. Al ver el gesto de reprobación por parte Alina se puso la mano en la boca. —Necesito a alguien que se quede con Kate, veinticuatro horas, ¿entiendes? —Quieres una niñera… —Más que eso, y tú eres la indicada —miró a Alina con súplica—. Serás más que su cuidadora, estás preparada profesionalmente y podrás trabajar en su problema. —¿Por qué haces tu la entrevista y no su padre? Alina se estaba molestando, porque pensaba que ese tipo de decisiones deberían hacerlo alguien de la familia. No podías entregarle a su hija a cualquier persona que apareciera. —Porque él se fue hace dos horas a una isla en el caribe… —¡¿Cómo?! —chilló Alina y la gente se giró a mirarla. —Es una emergencia laboral, por eso se necesita una cuidadora a tiempo completo. —¿Cuándo regresa? —¡No! —negó Charlotte—. Si decides aceptar el empleo, viajarás mañana con la niña hasta donde él se encuentran y se quedarán ahí el tiempo que sea necesario. «¡Debe ser un jodido adicto al trabajo!» —Pero… —Antes de que digas algo —le pasó una hoja de papel en donde había impreso un correo electrónico. —¡Oh! —Alina solo exclamó. —Esa es la cifra mensual que mi jefe ha destinado para la persona que se encargue de Kate. ¿Te parece poco? —No, noo. «¡Esto no puede ser cierto!» Obvio que lo aceptaría, ya que esa era la cantidad que ganaría en tres meses en el centro de aprendizaje. Además, se moría por elaborar un plan y ponerlo en marcha con la niña. —Entonces estás dentro —Charlotte no estaba preguntando—, tómalo como unas vacaciones inesperadas —le guiñó el ojo—. No todo el tiempo se tiene la oportunidad de pasar unos días en una isla paradisiaca, con los gastos pagos. —En eso tienes razón —Alina le sonrió. —Por cierto… ¿Tienes tu documentación al día? —Si es mi pasaporte, y licencia de conducir están al día. —Me parece bien, entonces ahora mismo gestionaré los permisos necesarios, y tu contrato, para que mañana viajes con la niña. —Me parece perfecto. —¿Necesitas algún anticipo? —Charlotte comenzó a rebuscar en su bolso. —No es necesario… —Créeme que sí —le dio un fajo de dinero—, solo tienes unas horas para ponerte al día con tus pagos, tal vez comprar algo para ti para llevar al viaje. —En eso tienes razón —le recibió el dinero y lo guardó en su bolso. —Robert comentó que vives en el anexo de su casa, te llamaré más tarde para informarte a que hora Oliver, pasará a recogerte y llevarte al aeropuerto privado. —De acuerdo. Se giró al lado de la niña, le quitó los auriculares y de manera delicada entrecerró su delicado rostro. —Mañana nos espera un gran día, así que te acuestas temprano. Le acarició la punta de la nariz, y Kate la sorprendió con una sonrisa y asintió repetidas veces. Alina se inclinó y le dio un beso en la frente. Al salir del restaurante de comida rápida, levantó el rostro al cielo y sonrió. Se sentía cargada de energía, la tristeza que había sentido por la mañana se había esfumado completamente, y solo era un mal rato. Antes de ir a casa, llamó a su prima para avisarle que antes de ir a casa pasaría por un centro comercial. Que pidiera de cena pizza que ella invitaba. No le gustaba la idea de hacer de niñera, pero estaba claro que necesitaba un cambio de ambiente, de manera urgente.
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