Al sonar el despertador, salgo de la cama directa a la ducha, me doy un baño de esos relajantes que curan el cuerpo pero no el alma, pasaría mucho para que mi corazón sanara, jamás olvidaría a mi madre. Luego de bañarme envuelvo mi cabello en una toalla, lo tenía bastante largo, pero no me gustaba cargarlo suelto, busco en el cajón mi ropa interior roja, sentía cierta atracción por la lencería de encaje negra, pero me decidí por unos lindos cacheteros rojos a juego con el sujetador, es mejor andar cómoda, me quito el paño y coloco y mi ropa íntima, estoy aplicándole crema a mi piel cuando la puerta de la habitación se abre, no volteo porque sé que mi hermana tiene esa costumbre. —¿Cómo dormiste cariño?¿te preparare el desayuno, déjame vestirme hermosa—le digo a mi hermana con ternura, pe

