13 - Mónica

934 Words
Cuando la clase terminó, suspiré aliviada y guardé mis cosas con calma. No tenía prisa, pero tampoco quería quedarme más tiempo del necesario. Andrés salió del salón conmigo, caminando a mi lado con su típica actitud relajada. No era extraño que me acompañara; de alguna forma, con el tiempo se había convertido en una especie de sombra, siempre cerca, siempre pendiente de lo que hacía. No era sobreprotección, no del todo. Más bien, era una especie de lealtad silenciosa que nos mantenía unidos. —¿La llevarás al parque? —preguntó de pronto. Levanté la mirada hacia él y asentí sin darle demasiadas vueltas. —Es lo más normal para alguien de su edad. Pensé en llevarla de compras, pero eso es más algo que hacen los adolescentes… además, ya lo hace con mi madre y no lo disfruta demasiado. Y era verdad. Ai no encontraba ninguna emoción en ir de tienda en tienda fingiendo interés en ropa cara que, en el fondo, ni siquiera le gustaba. Para mi madre, esas salidas eran una forma de enseñarle "clase", de instruirla en la imagen que debía proyectar como parte de nuestra familia. Pero para Ai, era solo otra actividad vacía, otro recordatorio de que su vida no le pertenecía del todo. Andrés asintió, pero su expresión se endureció un poco. —Entonces ten cuidado —advirtió con un tono más serio—. Ese parque… bueno, no es el mejor lugar. Es barato, y los del barrio llevan a sus hermanitos ahí para que se diviertan. Me detuve un segundo, mirándolo con curiosidad. —¿Tienes hermanos? Él soltó una carcajada seca y negó con la cabeza. —Gracias a Dios, no. Pero si los tuviera, haría todo lo posible por sacarlos de ese barrio asqueroso. Todo lo bueno que entra ahí se pudre. Su respuesta me dejó pensando. La forma en que lo dijo, con ese desdén que bordeaba el desprecio, me hizo imaginar cuánto debía haber visto en su vida para hablar así. Y, lamentablemente, sabía que tenía razón. Había sido testigo de cómo ese lugar podía devorar a las personas. Las noches en el barrio no eran seguras. Entre los callejones oscuros, se veían niños de apenas doce o trece años fumando m*******a, mezclándose con pandilleros mucho mayores que ellos. Algunos comenzaban vendiendo droga, otros terminaban participando en crímenes aún peores. Y lo más triste de todo era que, para muchos de ellos, no había una verdadera elección. No había una salida fácil. O te adaptabas o te consumía el sistema. Pero Andrés y Jeffrey eran distintos. A su manera, estaban luchando contra todo eso. No por el camino correcto, tal vez, pero al menos seguían avanzando. Y eso… eso era más de lo que muchos lograban hacer. Sonreí sin poder evitarlo, con una mezcla de orgullo y admiración silenciosa. —¿En qué tanto piensas, Lilith? —bromeó Andrés con una sonrisa ladina. Le lancé una mirada de advertencia. —Me llamas así otra vez aquí y te castro. Él rió con ganas, sin preocuparse por la amenaza. —Pensaba en ustedes —admití después de un momento—. En todo lo que han hecho para salir adelante a pesar de los obstáculos. Estoy muy orgullosa de ustedes. Andrés arqueó una ceja, divertido. —A veces hablas como si fueras nuestra madre. —Una muy buena madre que les patea el culo cuando la cagan y los apoya cuando lo necesitan —repliqué sin dudar. Y era cierto. Con Andrés podía ser más yo misma, aunque no del todo. No tenía que fingir ser la hija perfecta que mis padres esperaban, pero tampoco podía mostrarle a Lilith, la otra parte de mí, la que existía en la noche, la que no obedecía reglas. Sin embargo, la versión que compartía con él seguía siendo real. —Ya les he ofrecido ayuda y siempre la rechazan —continué, cruzándome de brazos—. A veces me dan ganas de golpearlos con una silla. Andrés soltó una carcajada. —Somos tus amigos porque nos agradas, Mónica, no por tu dinero. Si aceptáramos, sería aprovecharse de ti, y eso no nos gusta. Rodé los ojos con frustración. —Saben que eso no me importa. Mi familia tiene más dinero del que puede gastar, y a mí también me sobra. —No es el punto. —No sería un abuso si yo se los ofrezco como un préstamo. Me pagarían con su amistad incondicional y loca. —Esa te la damos gratis. Sonreí, divertida. —Lo sé, pero aun así me gustaría ayudarlos. Especialmente a Jeffrey con su hermano. Ese niño es un buen chico y me recuerda a Ai… atrapado por las circunstancias, sin poder hacer lo que le gusta por falta de dinero. Andrés asintió, más serio. —Tienes razón. Desde que su madre murió, ha hecho lo imposible por criarlo bien. Había respeto en su voz cuando hablaba de Jeffrey, y lo entendía. Criar a un niño siendo apenas un adolescente él mismo no era algo fácil. No era justo. Un auto n***o se acercó a la entrada de la universidad. Mi chofer bajó y se apresuró a abrir la puerta trasera. Suspiré, sintiendo cómo la burbuja de comodidad que había construido en esa conversación empezaba a desmoronarse. Dentro de ese auto, volvería a ser la hija perfecta, la que jugaba su papel sin errores. —Nos vemos en la noche —dije, acomodando mi bolso en el hombro—. Evita meterte en problemas. Cuando estaba a punto de subirme, Andrés me tomó de la cintura con suavidad, deteniéndome de golpe.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD