—Hola, bebé —me saludó con un beso en los labios. Lo fulminé con la mirada. Él se me declaró, pero lo rechacé. Había un chico apuesto en el club que me gustaba, y no estaría jamás con ninguno de los prietos mimados de aquí.
—¿Qué te he dicho? —respondí, tomando una postura amenazante, igual a la que tomaba ella.
—Monica —escuché que me llamaban, busqué con la mirada y, del otro lado de la calle, frente a la universidad, estaban mis dos mejores y verdaderos amigos, Andrés y Jefrey. Sonreí ampliamente y crucé la calle lo más rápido que pude, lanzándome en brazos de Andrés. Lo tomé por la nuca y luego lo besé lentamente.
Claro, él me siguió el beso. Cuando me separé de él, volví a ver dónde estaban "mis amigos", y vi que Connor entraba a la universidad hecho una furia, mientras que Sitney solo me sonreía, negando con la cabeza antes de entrar a la universidad.
—Lo siento —le dije, ambos rieron.
—Si era para deshacerte del prieto, no hay falla, Liliht. —dijo Andrés en tono divertido, era mexicano, su forma de hablar a veces me resultaba divertida, sonreí.
—Qué bueno que pasamos entonces —agregó Jefrey, le mire con calma separándome de Andrés, él en cambio a Andrés, era argentino.
—¿Por qué pasaron? —pregunté, curiosa.
—Hoy hay una fiesta de disfraces en el club. Cumple años la dueña, y esta vez lo celebraría con una fiesta de disfraces —explicó Andrés con una sonrisa coqueta.
—Genial —dije emocionada — gracias por avisarme....— Los abracé y besé en la mejilla a ambos. —Bueno, nos vemos en el club —dije, y ellos asintieron antes de regresar a la universidad. Yo, en cambio, volví a entrar al edificio para mi primera clase, mientras pensaba qué disfraz elegiría.
La verdad, estaba entre un disfraz de Harley Quinn o de Mujer Lobo... Ambos me gustan y me quedan divinos... Ya luego decidiría.
Entré al salón de la primera clase y me senté junto a Sitney, que cuando me acerqué, elevó las cejas de arriba a abajo con cara pícara.
—Bueno, dime, ¿quiénes eran esos chicos sexis? —me dijo, y aunque era mi mejor amiga, no quería contarle nada de lo que hacía por las noches. Cuanto menos gente supiera, menos posibilidades había de que se enteraran.
—Amigos —respondí rápidamente, y ella me miró con una cara de “sí, claro”.
—Invéntate algo mejor, Moni —me dijo, y en ese momento entró el profesor. —Te salvas por ahora, pero me tienes que contar todo después —añadió. Asentí, mintiendo, pero era para evitar hablar del tema.
Durante toda la clase, Connor no dejaba de mirarme con cara de irritación, pero lo ignoré. En estos seis años de andar por los barrios bajos desde mis diesiciete por la noche, me ponía en constante peligro. Por eso, Andrés y Jefrey me entrenaron, y había retomado las clases de Krav Maga y Judo a escondidas de mis padres, con la ayuda de mi nana. Era la mejor en esas clases, nadie lograba vencerme.
Cuando terminaron las clases, salí hacia la cafetería, decidida a inventarme una enfermedad para irme a casa. Como siempre, mis padres no estarían, y tendría toda la tarde para arreglarme, elegir un disfraz para esa noche, y con suerte vería a mi hermano y le diría sobre la fiesta.
Tomé mi bolso y caminé hacia la cafetería con Sitney. Cuando llegamos, vi a Connor en la puerta. Apenas pasé la entrada de la cafetería, él me jaló del brazo, y, como ya era costumbre, le di un codazo en el estómago por reflejo, haciendo que aflojara el agarre. Luego, lo tiré hacia atrás con una patada directamente a su entrepierna.
Cuando él cayó al suelo, me di cuenta de que lo había arruinado de una forma monumental. Todos en la cafetería estaban asombrados con el espectáculo, y otros no podían evitar reírse de Connor en el suelo, retorciéndose de dolor mientras se sostenía su polla.
—¡Wow! —gritó Sitney, emocionada.
—¡Estás loca! —gritó Connor, mirándome aún más molesto que antes entre un quejido de dolor— ¡Primero estás de zorra con un vago en frente de la universidad y ahora me atacas de puro gusto! —dijo, su rostro rojo de furia. Elevé una ceja incrédula, y me acerqué a él.
Ahora era uno de esos momentos en los que Liliht salía a la luz. Acaricié su barbilla con una mano y la tomé de forma delicada, ofreciéndole la risa más macabra que tenía.
—¿Zorra? —pregunté con frialdad, apretando más el agarre de su barbilla. —Ahora sé lo que significa zorra... No meterse con el tipo que está interesado en tí desde que se conocen. No puedes acusarme por actuar Con el de esa forma, porque es mi novio. Alguien que sí vale la pena— le mire con frialdad— En cambio, tú, todas las chicas se dejan llevar por un pedazo de p**o simple. Eres como un paso fugaz... Te entregas sin pensar en lo que realmente importa. No podría considerarte, aunque quisiera. No compartimos el mismo nivel —dije, mirándolo a los ojos con una frialdad implacable. —Tú para algo superficial, yo para algo mucho más profundo... Yo soy quien tiene el control. Si quiero, te tengo, y si no, simplemente te apartas —añadí, agachándome a su altura y sosteniendo su rostro con ambas manos. Su mirada vaciló, y pude ver el temor en sus ojos.
Todos en la cafetería observaban, sorprendidos por esta faceta de mí, mientras Sitney me miraba con una sonrisa de orgullo.
—Tan poco te conformas con algo tan superficial como lo es el sexo. No te compares conmigo. Yo soy la que realmente atrae. Además, ninguno está a mi nivel, y tú, lamentablemente, no eres la excepción —dije con desdén, soltando finalmente su rostro. Me levanté, lo miré desde abajo, dejando en claro que yo estaba por encima de él. —No actué de esta forma sin razón, querido. He atravesado situaciones mucho más complejas de las que podrías imaginar, y eso solo fue un reflejo de mi instinto para protegerme.
Me quedé de pie frente a él, mirando a todos los presentes. En ese instante, sentí una mezcla de satisfacción y un mal presentimiento. Había hablado como Liliht, la que no tiene miedo, la que manda, la que no está ni cerca de ser la versión perfecta que han moldeado mis padres. Pero algo dentro de mí me decía que me había pasado, que había cruzado una línea que no debía cruzar.
—Cuando tus neuronas se acomoden, me avisas para felicitarte —concluí, y salí de la cafetería, con Sitney siguiéndome de cerca.
—¿Novio? —preguntó sin creerlo, y me sonrió con picardía. —Me encanta esta faceta tuya, y eso que te conozco desde toda la vida y jamás había visto esta faceta —dijo, riendo.
Pero mientras caminaba, una sensación incómoda me invadió. Mi mente empezó a repasar cada palabra, cada gesto, cada momento.
"¿Qué hice?", Pensé.
No había una forma fácil de deshacerlo. Sabía que acababa de arruinar algo, que me había dejado llevar demasiado por mi orgullo y mi enojo. Connor, aunque arrogante, no merecía eso. Y ahora me sentía culpable, aunque no quería admitirlo. Lo peor de todo era que no estaba segura de por qué me había dejado llevar. Tal vez era el miedo, tal vez el dolor… tal vez solo estaba cansada de hacerme la que no me importaba nada. Pero ya no había vuelta atrás.