No fuimos, no somos, ni seremos nada

947 Words
Capítulo 5. No fuimos, no somos, ni seremos nada Mariela Me renuevo en la cama, sintiéndome calientita bajo la sábana, estirando mi cuerpo. La luz del sol se filtra suavemente por la ventana, iluminando la habitación con un brillo dorado que invita a quedarse un poco más. Sin embargo, los recuerdos de anoche me invaden la mente y aceleran mi corazón. Me besó y yo... yo respondí a su beso, a su toque; su sabor, una mezcla de ron y cigarro, pero no era desagradable. Era un sabor que, de alguna manera, me hacía sentir viva. Sacudo la cabeza para espantar los pensamientos y me levanto directo al baño. El agua fría me despierta por completo, y mientras me miro en el espejo, trato de recomponerme. No puedo dejar que esos recuerdos me atrapen; tengo que concentrarme en el día que tengo por delante. Al salir, la mesa está llena de comida; el olor a huevos, tocino y café se mezclan, invadiendo mi nariz y despertando mi apetito. La mesa se llena con toda la familia, y tomo asiento junto a ellos. Hago un recorrido disimuladamente buscando a Enrre, pero no lo veo por aquí. ¿Se sentirá mal? —pensé, sintiendo un nudo en el estómago. Desayunamos, y unos que otros comentarios hablaban de lo que van a hacer en el transcurso del día. La risa y la camaradería llenan el ambiente, pero yo me siento fuera de lugar, como si una nube oscura me acompañara. —En lo que sea que estén planeando, me apunto —le advierto a Luis y, seguido, miro a Leo, intentando unirme a la conversación. Enrre. falta el para que todo sea aun mas divertido. No quise pasar por la habitación para verlo porque, si no está aquí, es que se siente mal, seguramente. La preocupación se asienta en mi pecho, y me pregunto si debería ir a buscarlo. —Hecho —responde Leo, sin percatarse de la tormenta que se desata en mi interior. Salimos de la casa y caminamos por una calle empedrada para agarrar un atajo. El aire fresco me llena los pulmones, y trato de distraerme con la belleza del entorno. Los árboles susurran con el viento, y el canto de los pájaros se mezcla con las risas de mis amigos. Sin embargo, mi mente sigue regresando a Enrre. Llegamos a la entrada de una finca, solicitando permiso para cruzar la casa. Voy caminando detrás de los chicos y nos estamos acercando al corredor. Desde la distancia, puedo visualizar las hamacas colgadas, meciéndose suavemente. A medida que me acerco, me encuentro con la imagen que nunca esperé encontrar: Enrre acostado con otra mujer. —¿Pero... qué hace ahí? ¿Quién es ella? —mi mente se llena de preguntas mientras el corazón se me acelera. —¡Mami! —escuché decir. Estoy en un trance; todo parece en cámara lenta, pero no lo es. —¡Papi! —dice la diminuta voz de la niña. Mis ojos captan su mirada inocente; sus ojos son negros como los de él, misma mirada. la pequeña tiene aproximadamente dos añitos si mis calculo no me falla. La confusión y el dolor me invaden, y me pregunto cómo pudo estar con otra, especialmente con una niña tan pequeña involucrada. Reaccioné y apuré el paso antes de que se den cuenta de mi presencia. El tormento en mi interior inicia, preguntándome sin obtener respuestas. La imagen de Enrre, tan cercano y, al mismo tiempo, tan distante, me persigue. Pongo mi mejor cara, como si nada hubiera pasado. Intento sonreír y actuar con normalidad, pero la sensación de traición se aferra a mí. Leo y Luis se lanzan al río y yo les sigo, tratando de ahogar mis pensamientos en el agua. Pasamos toda la mañana jugando al tiburón y nadando. Por un momento, lo olvidé, pero la sensación en el pecho está ahí, latente y dolorosa. Regresamos empapados, riendo y contando lo emocionante de lo que hacíamos. Pasamos nuevamente por donde vinimos. Ya las hamacas estaban solas, y el eco de las risas se desvaneció, dejándome con un vacío en el corazón. Siento su presencia al entrar a la casa, pero no lo busco con la mirada. Tampoco quiero verlo; me siento estúpida, engañada, con rabia conmigo misma por haber hecho falsas ilusiones. La imagen de su sonrisa, de sus caricias, se mezcla con la traición, y me cuesta respirar. Paso todo el día evitando, evadiendo el encuentro; me mantengo alejada y, al mismo tiempo, cerca. Cada vez que escucho su voz, mi corazón se detiene un instante, esperando lo peor. —Estaba con Mirian —le dice Leo a Enrre; lo sé porque reconozco su voz, y cada palabra es como un puñal que se clava en mi pecho. —¿Cómo vas a hacer, teniendo a las dos? —pregunta Luis—. Una de día y otra de noche —culmina, y los tres sueltan una carcajada. Me retiro con cuidado para que no noten mi presencia y me encierro en mi habitación. El silencio me envuelve, y las lágrimas caen sin que pueda detenerlas. Hasta el siguiente día, que me fui sin despedirme de nadie, me siento atrapada en un laberinto de emociones, deseando que el tiempo se detuviera y me diera la oportunidad de volver a empezar. Tal vez, no hubo tal traición, mucho menos engaño, cuando solo hubo palabras bonitas y ese beso que fue todo para mí y nada al mismo tiempo, nada para él. No hubo promesas, «quiere ser mi novia», solo llamadas… llamadas constantes. — No fuimos, no somos, ni seremos nada - dije para mí, evitando que alguien me escuche.
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