CAPÍTULO 16. Me sentía tan sola. Mariela Cada fin de semana viajo al campo, llegando a casa de su madre, pero no dormía ahí con ellos como solía hacerlo antes. Dormía a su lado, me levantaba muy temprano cada mañana a prepararle el desayuno antes de irse; él tenía que trabajar el sábado y el domingo. Pasaron los meses y los viajes fueron constantes los fines de semana. Éramos una pareja; me comportaba como su esposa, una ama de casa en todo el sentido de la palabra: lavaba y planchaba su ropa, ordenaba el cuarto donde dormíamos, incluso le preparaba desayuno, almuerzo y cena. Estaba feliz por todo aquello que estaba viviendo con él; a su lado no necesitaba nada más. Adoraba cuando llegaba en silencio, se quedaba observándome y, otras veces, su pecho cubría mi espalda, proporcionando

