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1673 Words
Mía Morales Siento que los doctores se están demorando mucho y comienzo a desesperarme. Luego de varios minutos vemos a Grace, Tom, Charlotte, Melanie y Mary entrando por la puerta, no imaginé que vendrían todos. —Cariño, ¿estás bien? ¿Dónde está la niña? —me abraza Charlotte. —Se la llevaron apenas llegamos y aún no tenemos respuesta. Nos dijeron que esperemos, pero ya ha pasado bastante tiempo y la verdad es que estoy muy nerviosa. —Tranquila, cariño. Ya verás que va a estar bien —ahora soy abrazada por Grace. —¿Qué fue lo que pasó exactamente? —indaga Melanie. Les cuento con más detalle lo que pasó y todos comentan que llegué justo a tiempo, de lo contrario fuera peor la situación. —Familiares de Michelle Smuck —profiere un médico que sale de la puerta de urgencias. —Yo soy su madre doctor, dígame, ¿ella está bien? —Sí, está bien. Es una niña muy fuerte, las heridas fueron bastante profundas y perdió mucha sangre. Tuvimos que tomarle varios puntos, le colocamos solución y un medicamento para el dolor. Le daremos el alta y le recetaré algunos medicamentos junto con antibióticos que debe tomar para que la recuperación sea más rápida, cualquier cosa, no dude en llamarme. —Muchas gracias, doctor. —Respiramos todos aliviados. Luego de que el doctor me da todas las indicaciones, vemos que sale Michelle en una silla de ruedas y las manos puestas sobre sus piernas. Corremos a abrazarla. —Mi niña, nos tenías preocupados —digo con lágrimas en los ojos. —Mami, el doctor dijo que fui muy fuerte y me regaló una carita feliz, mira. —Señala el sticker en su blusa. —Precioso, mi amor —comenta, Grace. Charlotte y las chicas la saludan e incluso la consienten. Formalmente, Zack se presenta con ella y la reacción de Michelle nos hace reír a todos: —Mamá es muy guapo este señor —ríe. Esta hija mía dice lo que piensa sin anestesia. Poco después, aun en el hospital, todos nos despedimos. Zack queda en llamarme pronto para saber del progreso de Michelle y sobre lo que hablamos. A pesar de que insistió en llevarnos a casa, Tom lo convenció de que estaríamos bien. Ahora, vamos de regreso mientras noto como Michelle de a poco se va quedando dormida en mis brazos, estoy exhausta. Charlotte se ofreció a comprar los medicamentos asegurándome que me los traerá personalmente mañana temprano. Yo solo ruego que la fiesta no haya terminado para que Harry no se percate de que acabamos de llegar y sospeche algo. Efectivamente, todavía la fiesta está en auge y quedan algunos vehículos en el lugar, lo que quiere decir que nadie notará lo que ha ocurrido. Tom sale primero del auto para abrirnos la puerta y así poder salir rápidamente sin ser vistos… Una vez dentro, acuesto a Michelle en la cama para que logre descansar. Luego, salgo a la cocina a recoger el desastre y veo a Grace haciéndolo. —Yo lo hago Grace, ve a acostarte, debes de estar cansada. —No es nada cariño, yo puedo hacerlo. —Bueno hagámoslo las dos, así terminamos más rápido. Ciertamente, terminamos de recoger los vidrios y limpiar la sangre a un tiempo bastante considerable. Grace se despide antes de irse a dormir y yo me quedo sentada tomando un vaso de jugo de naranja. Cuando estoy por entrar a la habitación suenan unos toques en la puerta que me ponen en alerta, «¿Quién podrá ser? Quizás olvidé algo en el auto de Zack y vino a devolverlo», pienso. Abro la puerta e inmediatamente me encuentro a un Harry muy molesto. —¿Dónde estabas? —pregunta eufórico. —¿Disculpe? —creo que he escuchado mal. —Escuchaste bien, Mía. ¿Dónde diablos estabas? ¿Te fuiste con Zack no es cierto? ¿Cómo pudiste? Este hombre está bien loco, ¿quién se cree para venir a preguntarme si me he ido con Zack? —Discúlpeme, señor Harry, considero que sus preguntas están fuera de lugar no debo darle explicaciones de mi vida privada, lo que haga o no, no es de su incumbencia. Así que, si me disculpa, tengo que dormir —cuando voy a cerrar la puerta en su cara, la detiene y trata de entrar. De pronto veo su rostro tensarse y exclamar: —¡Por Dios, Mía!, ¿te ha pasado algo? ¿Estás bien? —comienza a examinarme y no entiendo a lo que se refiere. —Estoy bien, ¿por qué lo pregunta? No entiendo. —Es que… estás cubierta de sangre —dice tembloroso. Oh es eso, claro que tonta soy, se me olvidó bañarme y quitarme la sangre. Casualmente, tuvo que venir en estos momentos para darse cuenta de ello, «no puede ser ¿y ahora qué le digo?», me pregunto en apuros. —Mmm… bueno, es que surgió un asunto familiar en el momento que llegaba a la casa y tuvimos que salir a atenderlo, acabamos de llegar del hospital. —¿Tuvimos? —Sí, Zack me llevó, pero eso no debería de importarle porque simplemente soy una empleada de servicio, ¿no fue eso lo que dijo? —me cruzo de brazos. (...) Harry Payne ¡Trágame tierra! Esto es lo que merezco por haber actuado como un cretino. —No, verás y-yo vine a disculparme, Mía no debí haberte dicho eso, no sé qué me pasó. Realmente eso no me importa, lo siento, sé que fui un completo idiota. Por supuesto que sé lo que me pasó, estaba molesto y más que eso, la palabra correcta sería celoso. Celoso porque Zack tenía toda su atención y yo no, apenas la vi entrar con Grace juro por Dios que casi me da un paro cardíaco. Estaba completamente radiante, en ese momento quería que todos se fueran de mi casa para poder estar junto a ella, pero no, no se podía, tenía que seguir fingiendo ante todos ser el novio perfecto para Brooklyn. Ver como todos los presentes se la comían con la mirada me hirvió la sangre, pero cuando Zack no dio reparo y se plantó ante ella, fue lo peor. No encontraba la oportunidad para acercarme a ella porque siempre estaba acompañada, y quería tenerla solo para mí, por eso cuando dejó de bailar no dudé ni un minuto plantearme a su lado. Quería seguir hablando con ella, pero no, vino Zack a llevársela. Quería gritarle que la dejara en paz, que es mía, no obstante, la verdad es que no lo es. No supe qué hacer y por eso dije lo que dije. No me justifico, sé que fue un golpe bajo, pero estaba desesperado. —¿A eso vino? Si tanto quería que lo disculpara no hubiese llegado exigiendo explicaciones de mi vida privada así sin más. Sí, es que eso mismo me estaba matando en estos momentos. Quería saber si se había ido con él, los vi salir juntos y me imaginé lo peor, vine varias veces a tocar la puerta y no obtuve respuesta alguna. Al ver que pasaban las horas me desesperé y por eso hace un momento actué como un loco, pero esto no lo sabrá ella. —Lo siento también por eso, no fue la mejor manera de llegar a estas horas a tocar la puerta. Por favor, discúlpame Mía. Eres una gran persona, lo sé, mi comentario estuvo fuera de lugar. Veo como bufa exasperada y asiente. —Está bien señor Harry, disculpado, puede irse —responde tajantemente. —Yo… también quiero decirte que hoy estabas realmente muy hermosa Mía, tenías a todos los presentes comiendo de tu mano, puedo asegurarlo. «Me incluyo», pienso esto último. —Eso realmente no me interesa, pero gracias —comenta sin ánimos y exaspero. Necesito hacer algo para poder acercarme más a ella… De pronto sin más se me ocurre una idea descabellada, la tomo por la cintura y la beso. Tocar sus labios es llegar al cielo y no querer bajar nunca. Su cuerpo está tenso y la veo alzar la mano posiblemente para darme una bofetada, pero me aprieto más a ella y siento como sus músculos empiezan a relajarse y comenzamos a besarnos. ¡El mejor beso de mi vida! (...) Mía Morales No sé en qué momento Harry y yo nos comenzamos a besar, pero esto estamos haciendo, ¡y Dios! Este hombre besa increíblemente bien. ¿Pero qué estoy haciendo? Él se expresó muy mal de mí y ahora lo estoy besando. Me separó rápidamente de él al caer en cuenta del gran error que estoy cometiendo al dejarme llevar por su atractivo. —Creo que es mejor que se retire. Debo dormir, estoy agotada y mañana tengo un largo día de trabajo, así que si me disculpa… —Espera, Mía, el beso… ha sido el mejor beso de mi vida —coloca sus manos en mis mejillas haciéndome mirarlo perdiéndome en sus ojos por unos segundos. Me recompongo de inmediato al toparme con mi realidad, así que no dudo en hacérselo saber: —¿Ah sí? Pues le recuerdo señor Payne que usted acaba de comprometerse y, ¿piensa que puede venir a besarme como si nada hubiera pasado? ¿Supone que soy de esas mujeres fáciles que le abren las piernas a cualquiera? Pues, le informo que está muy equivocado, no soy así. Si quiere ir por la calle besando mujeres fuera de su relación, conmigo no va a ser. ¡Adiós! —le cierro la puerta en la cara. «¿Quién se ha creído? Claro, él dirá "soy un Adonis y todas caen rendidas a mis pies" pues, conmigo se equivoca, no seré una más en su lista de conquistas», reflexiono con indignación. Entro a la habitación y me quito la ropa que traigo puesta, entro al baño para tomar una ducha que me ayude a relajarme, y a su vez me servirá para quitarme la sangre que tengo encima.
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