Ya me está cansando su actitud, pensé mientras lo sostenía con algo de esfuerzo. Solo me lastima... o me lastimo yo sola. Ya ni siquiera sé quién hiere a quién en este juego confuso que llevamos. Suspiré frustrada y lo bajé de mi hombro. No porque quisiera, sino porque necesitaba mirarlo de frente. Pero antes de que pudiera caer o tambalear, lo cargué de nuevo, esta vez de frente. Sus piernas se aferraron a mi cintura con cierta torpeza, y mis manos quedaron firmes bajo su cuerpo para sostenerlo. Le acomodé los brazos alrededor de mi cuello y su cabeza fue a reposar justo en el hueco entre mi cuello y el hombro, al lado derecho. —Idiota —murmuré, aunque con cierto gusto. Sentirlo tan cerca me daba una paz absurda, como si por fin estuviera donde debía estar. No me gustaba verlo vulnerabl

