Día 4: Las presas en el cielo y en el infierno

3002 Words
Últimamente el ocaso ha representado el final de unos días alegres para dar paso a noches donde la ansiedad se apodera de tu cuerpo, la respiración se te entrecorta y no tienes más que pensamientos negativos en tu cabeza. Maldita sea. La sensación a lo desconocido, a lo incontrolable, a algo fuera de tu alcance y más cuando las flores ya no quieren volver a brillar, ¿qué más puedes hacer ahí? Las cosas bien hechas bien parecen y el nuevo volante tardo dos días en llegar. No veía la razón de la demora, quizás no sabían decidirse por cual niña reemplazarme. Que difícil decisión, ¿cierto? Pero la realidad era otra y mis ojos contemplaban nada más y nada menos que el nombre ahora de cuatro pequeñas niñas. Cuatro. ¿por qué esto? Las ansias por festejar de nuevo este festival les carcome su avaricia, siempre dejando en evidencia de todo lo que llegaran a ser capaces. Cuatro chicas. En los tiempos de antes llegaban a ser de a seis o siete; pero ha pasado tanto tiempo desde aquellos momentos y no quieren desaprovecharlo. Sin embargo, ellos lo saben. Esas calabazas muy buenas no estarán y eso los enfurecerá. No queremos desatar un poder el cual hace tanto tiempo que ha estado reprimido, no del todo, pero si algo retraído. Todo el pueblo estuvo en silencio durante ese día. Sin duda alguna y sin excepción, ellos si conocían el festival y ver el nombre de una chica nueva los intrigaba. Miradas caían sobre mí; juzgaban los más viejos, analizaban lo adultos y deseaban los más jóvenes, quienes no conocían nada de la historia. No demoraron en tocar a nuestras puertas.  Él de nuevo estaba frente a mí, con esa mirada examinando hasta lo más íntimo de mí, con una sonrisa que podía saborear lo más exigente de mi interior. Su voz nuevamente resonaba en mi cabeza y martilleaba sin cesar, estaba ahí ocupando todo el marco de la puerta, sin moverse, con su traje completamente lustrado y sus zapatos serios. Impone miedo. Me inmoviliza. Me penetra. -          Hoy en la noche.  –Su voz es demasiado firme, que todo mi cuerpo se pone rígido de inmediato-. Haremos una reunión para que les expliques a las demás niñas como deben de prepararse. Será un día fatídico para todas ellas, es necesario de que suceda si quiero ponerle un fin a todo esto. Eso implica sacrificarlas. Me convertiré igual que ellos al permitir que las violen, que las perpetúen, que las usen como muñecas de trapo. Pero esto es necesario, lo es. -          Estoy ansioso de que llegue ese día. No sabes por cuanto tiempo he estado esperando para ponerte las manos encima. Don gato, desde el fondo de la casa, hacía notar sus maullidos desconsoladores ante un final tan desalentador que íbamos a tener ese día. -          Me retiro por ahora, si sigo aquí quizás puede que no contenga más mis ganas y no quiero incumplir mi promesa.  –Arreglándose la corbata para darle más autoridad a su voz termino diciendo-. Después de todo soy un hombre de palabras. Mi mandíbula se relajó cuando la puerta se cerró. Mis puños se relajaron, la sangre volvía a circular con calma dentro de mi cuerpo y mis lágrimas no dejaban de salir. -          ¿eh…?, ¿por qué? Pase toda la tarde sin moverme de lugar, ahí tirada en medio del pasillo frente a la puerta, sin fuerzas para poder moverme, sola en medio de la oscuridad, de la maldad, sola entre mis lágrimas. No es algo por lo que no haya pasado ya, las marcas en la piel podrán borrarse, pero el recuerdo y la sensación en tus memorias nunca podrá marcharse. Esa misma noche llego mi padre del trabajo y me encontró ahí tirada, desprotegida, vulnerable y no dudo en saciar su hambre. Ni idea de donde saque las fuerzas para levantarme de la cama, pero antes de la hora citada ya estaba arreglada y Artemiss junto a Amelie. La niña de los pirciengs… ninguna de las tres había logrado tener contacto alguno con ella porque no la hemos vuelto a ver. En tantos días; no me había sentido tan protegida cuando ellas dos me tomaron de ambas manos. Una sensación reconfortante; seguridad, quisiera quedarme así, desearía no tener que sacrificarlas. Nuestros pasos se aminoraron cuando entramos al campo de las calabazas. No había transcurrido ni siquiera menos de una semana y ya todos los frutos habían brotado por completo. -          Saray. Cuando escuche mi nombre, inmediatamente todo en mí volvió a tensarse y ellas lejos de soltarme, me tomaron con mucha más fuerza. No tenían miedo. No. Ellas estaban mucho más asustadas que yo, pero no querían demostrarlo, se veían firmas con la mirada al frente y una sonrisa que solo nos pertenecía a las tres. Cuando pasé al frente la vi llegar a ella. Iba agarrada de una mano, solo de una mano, arrugada por el paso de los años, bien conservada para pertenecer a su abuela. Nadie más que yo podía ver el fantasma que cargaba consigo la sola mano, una mujer encorvada por la edad, con las arrugas por cada parte de su pie y unas facciones duras por la vida que llevo, sin embargo, su expresión es sutil y amable. Antes de la chica llegar junto a las demás, sus ojos tanto los de ella como los de su abuela se posaron en mí. El fantasma se agacha hasta la oreja de su nieta para tartamudearle unas cuantas palabras a las que ella solo asintió. Siguió de largo de Artemiss y Amelie para llegar directamente a mí. De cerca podía ver como todo su cuerpo temblaba, por la brisa que traía consigo el miedo. Me extendió la mano de su abuela, se sentía calidad cuando la recibí; el amor de este ser todavía está presente en ella, he hice algo que nunca en mi vida me llegué a proponer. -          Me llamo Saray. Alargue mi mano sin pensarlo dos veces para sujetar la suya. -          Soy Dalia. Es un gusto poder conocerte por fin. El tono de su voz era tremuloso, pero al tocar su mano era firme, segura de sí misma. -          Saray les explicara como deben de preparar sus calabazas para el festival-.  La voz ronca y lenta del señor revelaba su edad. 73 años para ser exactos. Su hijo, ubicado un poco más atrás no dejaba de ver a Dalia con urgencia-.  No debe haber ningún error, sino, todas las consecuencias recaerán sobre ustedes. Era una calabaza lo suficientemente grande como para poder hacer un vestido con ella. Todos los implementos los dejaron sobre la mesa, no parecían tener prisa; realmente es algo que desean que salga muy bien. Las ansias se los comen vivos. La anciana me tomo de la mano y me guío hasta la calabaza. Su tacto era suave, a pesar de ser una fantasma, sus movimientos eran seguros. Toda una vida realizando estos procedimientos. Se reflejaba el dolor en sus dedos, el arrepentimiento sobre sus marcas, no obstante, estaba ahí para guiarme y consolarme. Se sentó a mi lado con la paciencia que lleva cargar con sus años. Tenía toda la noche del mundo, pues la luna solo dejaba ver la mitad de su magia. Su mano sujetaba con firmeza la mía y los recuerdos parecían inundar su mente cuando tomo el cuchillo por primera vez. El recuerdo de ver a su abuela haciendo esto para ella por primera vez. -          Desearía no tener que hacerte esto, mija, ¿lo sabes verdad? Eran las palabras que repetía su abuela en aquel momento y su respuesta tan llena de inocencia no hacía más que llenarla de lágrimas. -          Tranquila abuelita, esto solo es un festival. -          Pensé que esto ya había acabado. Desearía no tener que volver hacer esto, pero no quiero dejarte sola, Saray. Sus susurros llenaron quizás mi corazón con algo de esperanza. Definitivamente este festival tendría que ser el último, si o si. -          Sabes, Saray; te pareces mucho a tu madre. Algo seria, obstinada pero decidida, sobre todo miedosa. -          ¿miedosa? -          Sí, de la misma forma que tu madre. -          ¿cómo la conociste? -          Fue amiga de mi hija… cuando la dejaron a ella toda la noche con esos cerdos… fue una de las cosas que hizo que se desbordara. -          ¿eran muy cercanas? -          Fue la primera amiga que tuvo ella. Eran muy cómplices la una con la otra. -          ¿mi madre alguna vez fue llamada a esta festividad? -          No… a ella nunca se atrevieron a llamarla para esto. Las voces decían que su piel era muy delicada como para someterla entre varios, que era mujer de uno en uno. -          Y eso fue lo que aprovecho ella. -          Los utilizo de uno en uno. Para cuando mi hija fue elegida en esto y la dejaron… fue con su sangre con la que sello las tierras.  -          ¿cómo sabes todo esto? -          Yo sabía de brujería, pero nunca me atreví a usarla. -          ¿tienes alguna idea de cómo acabar con todo esto? -          Todo requiere de sacrificios, Saray. En la brujería tienes que ofrecer algo a cambio. O son ellas, o eres tú.  -          Así que no hay de otra manera… La calabaza había sido pulida y manipulada con tanta exactitud por la abuela, obviamente mis manos eran quienes hacían todo el trabajo y todos ellos quedaron encantados y perplejos. -          La reanudación de este festival será asombrosa. Y gritos tras gritos le continuaron sin cesar. Botellas de champan se destaparon esa misma noche, se notaba que las ganas ya no las podían aguantar por mucho más tiempo. -          Vamos, Saray. Se ve que puedes hacer un vestido con todo eso. ¡Vamos hacerlo por lo grande! Como me está comenzando a fastidiar su voz. El miedo se disipaba de mí, ya no era temor lo que sentía por él, sino más bien un repudio tan grande que lo convertí en determinación. Esa noche. Esa mismísima noche comenzarán a excavar su propio final. Malditos cerdos. La anciana no volvió a dirigirme la palabra en toda la noche; más bien me oriento con tanta paciencia como debía realizar los cortes y la forma en la que se pegaban para formar un delicado y suave vestido. Brillaba, a pesar de todo, brillaba bajo la luz de la noche. Era hermoso, tan delicado y único. Transparente y sedoso, un buen vestido. -          Sea cual sea la determinación que tomes, por favor acaba con todos ellos. -          Eso es lo que tengo decidido hacer. Mis palabras parecieron otorgarle cierta tranquilidad, pues su fantasma iba evaporándose poco a poco. Su presencia no se sentía pesada y su adiós era más una sensación de alivio que de amargura. ¿tanto confiaba en mí? Más bien. ¿cómo puede sentir alivio sabiendo que alguien de su familia es una de las candidatas a poder ser sacrificada por parte mía. De todas formas, esto significaría un nuevo comienzo. -          ¿puedes encargarte del vestido de cada una de ellas, Saray? Sin responder ni una sola palabra solo asentí con mi cabeza, de una manera firme y confiaba. Mi nueva apariencia de una niña que ya no se ve asustada no parecía atraerle mucho al tipo, igualmente en sus ojos lascivos se reflejaba todo lo que siempre ha soñado. El incesante frío de la noche marco el final de la reunión y cuando pude volver a reunirme con ellas, me recibieron con un abrazo lo suficientemente fuerte para llenarme de calor durante mil noches más. Nos pasaron una calabaza a cada una de nosotros y les dejaron el recordatorio de pasarme las sobras para realizarles el vestido. -          Quiero que el mío quede bastante sedoso –murmuro Dalia. -          Me encargare de que así será y… lo siento por la mano de tu abuela, seguramente significaría mucho para ti y se desvaneció. -          No te preocupes, sé que pudo otorgarte la confianza que necesitabas para esta y las siguientes noches que vienen –repuso con tranquilidad. -          Gracias. Nos acompañamos cada una hasta nuestros hogares, más bien, las deje a ellas en sus supuestos lugares seguros para luego continuar una larga caminata hasta mi casa. -          Ya sé lo que voy hacer don gato. -          Si que te pareces demasiado a tu madre –respondió con confianza. -          ¿te importaría si vuelvo a tomar tu lengua y una parte de tu oreja? La soledad es algo que permite ver las debilidades de las personas; más bien, deja en evidencia como son todos realmente sin la influencia de alguien de por medio, sin ideas paralelas y actos encadenados a una falsa apariencia. El silencio en las reuniones es como otro poco de lo mismo, estás concentrado en ti; en tus propios pensamientos tratando de ser tú que te muestras de una forma pura ante los demás. Los siguientes días ellas no salieron de mi casa, mi padre no le dio mucha importancia, después de todo no se avergüenza de su juventud, pero tú y yo sabemos que tipo de cosas habrá hecho por lo que estaba de lo más de contento por la nueva siembra después de tantos años. ¿Cómo me habrán tenido a mí?, ¿cómo este hombre embarazo a mi padre? Hay días en lo que me pregunto… ¿seré producto de un forcejeo? En fin. Las chicas le tomaron el ritmo rápido a las calabazas, en menos de un día ya habían limpiado con exactitud todo su interior, por lo que solo quedaba realizar el vestido. Debía de cuidar mis dedos, ni un solo pinchazo podía permitirme mientras estaba cociendo o eso podría arruinar el vestido y la ira de esa gente sobre nosotras sería el doble y nuestros cuerpos no están preparados para soportarlo. No más. La luz de la luna reflejaba sobre cada uno de los vestidos, como la suavidad de un pétalo de flor, tan brillante como el sol de abril, los vestidos habían quedado terminados y el día ya estaba próximo a llegar. Los volantes volaban anunciando el inicio del festival. Fecha y hora y en grandes palabras un “NO FALTES”. Los rumores corren de boca en boca sobre tal maravilla que a punto de ocurrir estaba. Los más ancianos se podía ver en sus ojos los entusiasmados que estaban, pues pensaban que nunca más en su vida iban a volver a presenciar este magnífico festival. Las apariencias aumentaron y quienes ni siquiera poseían el derecho de vestirse así, lo hicieron, pero a nadie le importo, todos entendían la magnitud del evento y lo importancia que ello implicaba para ir como tal, como se debería. El sol asomándose entre medio de las montañas nos indicaban claramente el inicio de un nuevo día y con ello la llegada del festival. Ni siquiera los rayos de sol eran capaces de traspasar los grandes ventanales de la casa, ni incluso una estrella tan grande estaba interesada en presenciar tales actos. En la casa solo había espacio para la oscuridad, para nuestros jadeos expectantes y atemorizantes mezclados entre la incertidumbre y nuestra mala suerte. -          El sol volverá a brillar.  –Dalia ni se inmutaba para tratar de darnos aliento. En todas las noches frente a nosotras siempre mantuvo unas facciones serias y serenas, para ella sola se guardaba todo el miedo que sentía. La oscuridad es interrumpida por los pequeños, o grandes, deseos del hombre; sacándonos de nuestros propios pensamientos solo para anunciarnos que ya era la hora de arreglarnos. -          El ocaso está a punto de caer, vayan preparándose con sus vestidos y sus calabazas que el festival dará inicio en el primer rastro de la noche. A pesar de todo, sus cuerpos brillan por si solos en medio del cuarto. Sus lunares guían a quienes las observan a los lugares más prohibidos y exclusivos de ellas mismas. -          ¿cómo te hiciste esos pirciengs? -          No podía aguantar más lo que estaba viviendo con mi padre en ese tiempo, fue para mi cumpleaños número trece. Suelo coser mi propia ropa desde muy chiquita y ese día, era mi cumpleaños, MI CUMPLEAÑOS, llega mi padre junto con sus amigos.   “Yo solo pude encerrarme en el baño a llorar, cuando me vi en el espejo me decidí por completo, lo iba hacer y con la aguja que tenía en la mano traspasé mi piel.   “No pude aguantar mi dolor en ese momento y grité hasta más no poder, no me esperaba seguir teniendo alguna especie de sensibilidad en esa zona, pero descubrí que sí que la tenía. A nadie le intereso porque estaba gritando, obviamente.   “Tomé los topitos que usaba en las orejas y me las puse. Para cuando salí del baño recibí una tremenda golpiza por haber hecho aquello, pero después de ese día me sentí tan aliviada de que no me volvieran a tocar.   “Desde ese entonces recibo todo tipo de insultos en la calle, miradas largas, pero ya muy pocos los ojos lascivos los que recorren mi cuerpo, pero esta sin duda algo mejor así.   -          Yo no tendría el coraje que tú tuviste para hacerlo por mi cuenta –confeso Artemiss. -          Arruinemos su festival. -          ¿Qué quieres decir, Saray?, eso es imposible –inquirió Amelie. -          Que Dalia nos perfore a nosotras tres. -          Pero eso no va a importar, Saray –interrumpió Artemiss-.  Ella esta perforada y de todas formas la han llamado para el festival. -          Entonces seamos mucho más arriesgadas y que no sea solo en las partes donde ella se lo hizo. -          ¿quieres que brillemos en todas partes? –cuestiono Amelie. -          Quizás eso pueda funcionar, ellos no se esperan que hagamos eso. Me gusta la idea –confeso Dalia. -          Pero no sabemos si realmente va a funcionar –cuestiono Artemiss. -          Pues hasta que no lo intentemos, no lo podremos descubrir.  
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