—¡Portense mal!—Grite, los niños como habitualmente hacen entraron al preescolar entre empujones entre ellos y risas. Sonreí al verlos llegar a su grupo de amigos y saludarlos
—Que bien ejemplo —Una voz detrás mío hace que gire. Alexander estaba mirándome con las manos en sus bolsillos.
—Ese imbécil me ha sacado mi frase—Gruñe molesto la sombra poniéndose inquieto a mi alrededor
—¿Que haces aquí, William? Si vienes a ver a los niños, ellos salen del prescolar en cuatro horas, y recuerda para la próxima que debes avisar con anticipación—Me coloco bien el bolso y comienzo a caminar, miré de reojo como él caminaba a mi lado. Me detengo en seco y lo miró—No, No me sigas. Vete, fiuh fiuh—Lo espanto como si fuera un perro.
Bueno lo es...
Sigo caminando rápidamente, sacudiendo la cabeza.
Al llegar a la cafetería donde trabajo, saludo a todos y camino hacia los baños, me pongo mi uniforme y salgo
—Katy mesa cinco—Grita una chica dejando un pedido en la mesada, lo tomo y me dirijo a una familia quién estaba esperando su comida.
Mi día transcurrió normal, pedidos por todos lados, algunos clientes insoportables, niños llorones y nunca faltaban los curiosos que me veían fijamente intentando adivinar dónde me habían visto antes.
Hasta que algo tenía que ocurrir.
—Mesa uno.
Agarró la bandeja donde pide un cafés y una mini torta. Camino hacia la mesa y coloco la comida
—Aquí tiene, que disfr...¿Que haces aquí?—Pregunto, achinado mis ojos. Alexander toma en café con sus manos y me sonríe
—Vengo a disfrutar un rico café y hablar contigo. ¿No es obvio?—Pregunta.¿No se da cuenta que estoy trabajando?
—¡Katy mesa...!—Su voz mandona de los jefa se detiene al ver a Alexander—D-Disculpe rey —Avergonzada y con miedo se va corriendo.
—¡¿Ves lo que causas!?—Eleve la voz en un susurro, él se encogió de hombros y me sonrió
—Mientras más rápido te sientes y hablemos, más rápido me iré.—Agarra una cuchara y comienza a mezclar su café con el azúcar. Maldiciendo por lo bajo me siento en la silla roja y lo miró fijamente—Ante todo; Perdón. Destrui tu corazón y...
—No. —Lo Interrumpo—Necesitarás algo más para fuerte dañarme, con esto solo rompiste mis esperanzas, no mi corazón.—Me inclino sobre la mesa y lo miró fijamente—Tengo estamina.
—Conmigo no es necesario intentar parecer fuerte, sé que estás mal y yo quiero arreglar las cosas...
Debajo de la mesa, disimuladamente busco en mi bolsillo mi defensa secreta una pequeña forma de estar preparada por estas ocasiones.
—Sé que he hecho tantas cosas que tú seguro perdiste toda tu fuerza, tu estamina, tu carácter, tu esperanza, pero quiero arreglar esto así podemos...
—Alexander.—Lo Interrumpo, él se detiene y me mira. Me inclino en la mesa acercándome a su rostro, él sonríe pensando que lo voy a besar, pero al estar solo a una pequeña distancia de que nuestros labios se junten...
Inyecto una jeringa con plata derretida su cuello. Se que esta mierda no lo puede matar, solo lo debilita por unas horas y hace que sufra de dolor como nunca lo ha hecho.
—¿Recuerdas cuando me inyectaste sangre demoníaca para lastimar a la sombra?—Pregunté, el me miro con la boca bien abierta y liberando silenciosos gemidos—Sentirás el mismo dolor que mí sombra sintió. Pudrete, mi amor.
Él me miro con miedo, saqué de un tirón fuerte la jeringa ya sin liquido y me la guarde nuevamente en el bolsillo. Me pongo de pie y antes de irme de ahí me acerco a Alexander y susurró en su oido
—Si quieres seguir viendo a tus hijos, sé alguien digno de ellos, porque lo único que eres ahora, es un estorbo.
Me enderecé bien y caminé para llevar otro pedido.
Mientras trabajaba veo como Alexander se pone de pie débilmente, casi se cae, pero fue sujetado por una persona con la capucha puesta, Alexander mira a la persona y sonríe a medias débilmente, pero cae nuevamente al suelo
La persona encapuchada se gira y se quita su capucha. Dejando ver su cabellera roja. Jackie me mira con cara de pocos amigos
Elevó mi mano y la saludo moviendo mis dedos con una sonrisa de victoria. Ella se acerca a mi dejando aún lado a Alexander
—Deja de lastimarlo—Dice apenas llegó a mi—Él intenta arreglar las cosas contigo.
—Rojita...una vez alguien me habló del mismo tono, sintiéndose autoritario ante mi, te puedo aclarar que fue el padre de Alexander y si no quieres terminar como él, te aconsejo que cuides tu espalda—Sonreí ampliamente mostrando toda mi dentadura—No hay mayor peligro que una loca con sentimientos heridos suelta en la cuidad. Buena suerte.
Me gire y seguí con mi trabajo.
Jackie luego de minutos salió de un shock y corrió a ayudar a salir de aquí a Alexander. Lo agarró de la cintura y con uno de sus hombres lo sacaron aquí.
Esto recien comienza, William.