IV Capitulo. Episodio III

2259 Words
Se encuentra ahora justo a pasos de entrar al salón, no hay nadie al rededor, es tranquilo, es perfecto para el. Se sienta justo al lado de la puerta recostando su espalda contra la pared, saca lo que tenia para comer y sin más, da el primer mordisco a su emparedado. Para el, comer era sinónimo de paz, sentía como si estuviera llenandoce de vida con cada bocado que daba, y le desagradaba que le interrumpieran mientras se alimentaba. No quería estar en el comedor, sentía que el hambre se le iba cada vez que veía a Cass, sumándole la impotencia de que ni siquiera era capaz de darle la cara y explicarle por qué se fue así de improvisto dejándolo inerte en su propio dolor. Ella llegó a ser la primera chica que se fijaba en el, que lo defendía, que le hacia sentir alguien sin pedir nada a cambio, no tardaron mucho en desarrollar contacto intimo. Ese día estaban en clases, faltaban pocas horas para salir, era un viernes tranquilo y peculiarmente frío. Camino al baño la encuentra, parecía estar esperándolo ahí desde hace rato, discretamente le da un beso en la mejilla, saben que no deben demorarse mucho, un acta por conductas indebidas era suficiente para quitarles el pase para ir a SteepWoods, y a varios ya le habían quitado ese privilegio, además, era raro que una ex estudiante que ya había egresado de la institución estuviese mucho tiempo vagando por sus pasillos. Con cautela le entrega una nota y se despide, Andrew podía imaginar lo que en ella decía, pero decidió verla luego de ir al baño, volviendo al salón. Al abrir la nota alcanza a leer un pequeño texto, el cual decía "Estoy esperándote en el pino, no demores mucho al salir luego de clases, Te amo". Vuelve a doblar la nota y la guarda en su bolsillo. Después de clases, camina un poco apresurado entre las vías encharcadas de su distrito, una leve llovizna cubría de rocío los pastos y pinos del lugar, techos húmedos que hacen el agua caer en pequeños chorros son los que por riachuelos arrastran las hojas marrones, caídas y malgastadas por los tempranos vientos que habían hecho presencia antes de traer consigo la humedad y neblina. Antes de llegar al lugar de encuentro, una panadería con un atrayente olor capta su atención, abriendo su apetito, decide pasar un momento y comprar algo para ambos, seria una pequeña sorpresa. Algunas galletas de avena y coco para ella, eran sus favoritas, para el un pan de canela , junto a un par de capuchinos medianos, no tardarían mucho acabando con ello, el sabia que en especial adoraban comer en compañía del otro. No demora más de cinco minutos en llegar al pino, donde justamente ella se encontraba, abrigada con una chaqueta negra y bufanda roja, igual de roja como sus labios. Andrew no sabia que tenia ella en mente, trató de preguntarle en varias ocasiones pero simplemente sus respuestas eludían las preguntas, luego de in rato se rindió y siguió el paso con un aparente rumbo perdido. Se sentía bien vagar a su lado, lo único que les quedaba eran los capuchinos prácticamente fríos. Eran al rededor de las cinco y treinta de la tarde. -¿Crees que debería escribirle a papá?, para decirle que llegaré un poco tarde. -Ni siquiera sabes que haremos, ¿a qué hora planeas irte?. -Pues depende de a donde me lleves. -Perfecto. Llamaré un taxi e iremos al lugar, ya caminamos un buen rato. -Dime que no me secuestrarás, Cassidy. -Para nada, pero debes ir con los ojos cerrados todo el camino, es una sorpresa. -. . . -Lo tomaré como un sí. Mientras está parada a un lado del camino esperando un taxi, Andrew se sentó en una banqueta, estaba empapada casi por completo. Sus audífonos al rededor de su cuello y sus fríos dedos hacían una pequeña cabida en el momento, el contacto con la piel era notorio y el gélido roce lo mantenía enfocado en algo, no quería comenzar a divagar, quería aprovechar cada instante con ella. Pese a que la notase distinta en todo el rato que llevan caminando, como si le ocultara algo. Al llegar el taxi, ella le pide que mantenga sus ojos cerrados en todo momento, suben al auto y antes de decir a donde quería ir, cubre las orejas de Andrew, le susurra al conductor la dirección del lugar. Estaba más que obvio destacar que el confiaba en ella, sabia que pese a que le podría estar jugando una broma, no serian nada grabe y terminarían riendo después de ello. Mientras iban en camino, ella toma los auriculares de su cuello, se los coloca delicadamente, el podía sentir los cálidos dedos al contacto de sus frías orejas, luego, su canción favorita comenzó a sonar, quizás ella lo hizo para persuadirlo y que no intentara adivinar el lugar a donde irían. lo único que sabia, es que ella estaba con el sosteniendo su mano, no pedía más. Supo que habían llegado al lugar cuando sintió que el carro disminuía su marcha, no estaba muy acostumbrado en mantener los ojos cerrados tanto rato, se le era un poco complicado mantenerlos. Cassidy baja del auto para ayudarle a salir con cuidado, le dice que espere ahí parado un momento mientras ella va a pagar el viaje. Por fin luego de un largo rato, le permite abrir los ojos. Estaban en el mirador, una de las zonas más hermosas de T. River, lugar favorito de Andrew, lugar donde tuvieron su primera cita. Habían dejado de venir tan seguido porque los proyectos finales de la institución tenían muy ocupado a Andrew, y pese a que se veían de vez en cuando, el tiempo les cortaba la compañía del otro. Además, esta seria una ocasión muy especial, ya que dentro de poco usarían esa zona para construir algunos condominios, el área quedaría restringida durante mucho tiempo, el paso al publico estaría prohibido. En resumidas cuentas, no podía volver a aquel lugar. Ella lo sabia, por eso decidió aprovechar aquel día y llevarlo a ver un atardecer juntos. Tenia consigo una botella de licor y dos mantas grandes. Se adentran más al lugar y observan aquella paz en la que se encuentran. un claro rodeado de altos arboles, unas cuantas casas y faroles de la vía. Desde ahí, el viento arrastraba nubes que cubrían montañas a la lejanía, la primera manta la colocaron en el suelo, y la segunda la usaron para cubrirse ambos. Comenzaron con pocos tragos y luego sin darse cuenta, estaban ebrios. Perdieron la noción del tiempo cantando cosas sin sentido, bailando al compás de los insectos nocturnos y dejandoce caer en la grama. Hablaron un poco más de su día, de sus problemas en casa y de sus ambiciones a futuro. Ella ya había ingresado a SteepWoods, pero actualmente soñaba con irse del país, no aguantaba a sus padres. El quería ingresar a la misma facultad, aprender más de cinco idiomas y viajar por el mundo, pero luego, volver a donde creció y vivir tranquilamente allí. Cada uno sabia cuales eran los planes del otro, y pese a ser un poco distintos, se apoyaban mutuamente. Esa noche, ella cambió de un instante a otro, pasando de ser divertida, enérgica y prácticamente mágica, a alguien que parecía ocultar algo, un secreto duro que podría afectarlo. Obviamente el notó el cambio, preguntandoce si había hecho algo que la incomodara. -¿Qué ocurre?, Estas un poco rara. Ella mira la grama, su sonrisa se va apagando poco a poco. -Estoy bien, no me ocurre nada. -Se que no es así, ¿Qué te tiene tan mal?. -¿Eh? no estoy mal, en serio, solo pienso... -Creo que el trago te puso reflexiva. -Lo dice el señor Romeo, quien luego de tres copas se vuelve seductor. -A ti te gusta, me sigues el juego y al final terminamos riendo. Pero este no es el caso, ¿Qué pasa?. Cassidy no sabe como empezar a hablar, su voz se corta de repente y le cuesta esconder sus lagrimas. Está un poco ebria así que no tardará mucho para dejar salir todo en manera de desahogo. Andrew deja que se tome su tiempo, sabe que le contará de igual manera. Ella respira hondo, en la oscuridad el brillo de una pequeña lampara de mano que había llevado deja ver el humo que sale de su boca, el frió se intensifica, pero están bien abrigados. Sus primeras palabras le hicieron un nudo en el pecho. -Me... me voy a ir. El queda confundido, no tiene idea de a lo que se refiere con eso, lo único que sabe es que ella tenia pensado irse del distrito, pero si fuese eso, no estaría actuando de esa manera. -No entiendo amor, calma, está bien... ¿A donde irás?. -Andrew, me voy del país... Hoy en la mañana me llegó la noticia. ¿Has sentido alguna vez la sensación de que el el mundo se para, todo se pone en cámara lenta y lo único que puedes sentir a parte de tus latidos es un creciente vació devorando tu pecho?, esa descripción se queda corta comparado con lo que el sentía en ese momento. Mientras ella llora en esa linda noche, el no habla, no se mueve, no sale de su trance. "Será la ultima vez que te vea, que te abrace, que riamos juntos, que pueda besarte y sentirte a mi lado. Siento que no disfruté lo suficiente como para dejarte ir, como para que me dejes aquí", lo único que pudo decir en ese momento exacto, quería una explicación, el por qué fue tan repentino, hace unos días compartían tranquilos es las calles del lugar, veían películas, bailaban, dormían juntos. Todo se iría de su lado. -Puedo esperarte, lo promet... Ahora su llanto es más fuerte, un llanto sincero el cual le incita a dejar salir las primeras lagrimas a el. Espera una respuesta, el sabe que la puede esperar, pero por el contrario... -No... No puedo... -Amor, te puedo esperar. -No me esperes... No podemos seguir juntos. -Pero... -No Andrew, debemos dejar esto así. -Amor espera, ¿Qué dices?, ¿Piensas tirarlo todo así por así?. -No quiero seguir... -Explícame por qué, por favor. -No, Andrew, no quiero seguir. -Cass, dime por qué. Ella se levanta y se da la vuelta, es detenida por Andrew quien, con el corazón a punto de caer, sostiene su brazo. -Dímelo. -No... -¡Dímelo! -Suéltame. Entre forcejeos Andrew es empujado hacia atrás, y ella logra salir corriendo del lugar. El se levanta y comienza a seguirla entre los arboles, pero se le hizo imposible poder encontrarla entre tanta oscuridad, los matorrales impedían el paso en varios senderos y solo habían pocas rutas por las cuales pudo haber pasado. Tras dejar todo atrás, vuelve a recoger las mantas, aquella botella que quedó casi vacía la aventó muy lejos de el. Un grito de impotencia seguido de varios golpes al suelo son motivo de su frustración, no sabe que acaba de pasar, está confundido, está mal, solo quiere llorar. Una hora en el mismo lugar, sin que nadie fuese por el, nadie llegó, nadie lo esperaba más que su familia en casa. Fue la carretera con las cosas en mano, caminaba via abajo esperando ver un taxi, un bus, un aventón, algo que lo devolviera a su casa, era entrada la noche, así que aún había oportunidad de encontrar algo. Veinte minutos vagando en aquel camino poco concurrido, el frío era lo que menos le importaba, quería llegar, dormir, ir temprano a casa de ella y preguntarle bien el por qué. Más adelante, iba subiendo el taxi que les había llevado temprano. Al subir, el conductor le dijo que la chica con la que el estaba se comunicó para que le fuese a buscar. Ya en casa, su padre le pregunta por qué llega tan tarde, estaba preocupado porque no le había avisado nada y no respondía sus mensajes. Tranquilamente le dijo que salió con Cass al mirador, su celular se descargó y tardaron un poco en conseguir transporte de regreso. Esa vez no cenó, a duras penas tomó una ducha y pasó gran parte de la noche sin dormir. Mando cuantos mensajes pudo a ella, la llamó, le envió notas de voz, pero nada fue respondido, sin más, se quedó dormido abrazando su almohada esperando poder hablar mañana con ella. Salió a las siete en punto, directo a casa de Cass, trotando a un buen ritmo. Tenia la lampara de mano y las mantas en su mochila, pensaba dejárselas y usarlas como un motivo para iniciar la conversación. Demora dieciocho minutos en llegar, sabia que estaban despiertos desde temprano, así que tocó la puerta esperando que justo fuese ella quien le abriera. Unos minutos mas tarde le recibe su madre, quien le explica que ella ya no está. Andrew le pregunta si en verdad no sabe la razón de aquel abrupto cambio, sobre la razón de su partida, y por qué se lo mantuvo en secreto. Ella con cara triste lo observa, recoge las mantas y la lampara y le agradece que haya llevado aquellas cosas, le dice amablemente que tiene que irse. Ahora entiende que no obtendrá respuesta en ningún lado, no quiere aceptarlo, no es justo. Una semana después, clausuraron el mirador, ya no podía volver a ir más nunca a su lugar favorito, al lugar donde sintió que su ser se le fue arrebatado.
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