1-Amanecer; Sammuel.

847 Words
—Sammuel, despierta —Le dijo su madre mientras lo movía. Sammuel fingía dormir, recordaba como lo levantaban para ir al colegio hace ya varias primaveras. Detestaba levantarse temprano para ir a su aburrido trabajo, y aún más cuando se quedaba dormido y debía hacer todo pero más rápido. —Madre... Hoy es sábado... —Contestó como pudo mientras se envolvía en las mantas. —¿Enserio? —Su tono fue de confusión. —¿No... No tomaste tus pastillas al levantarte, cierto? Su madre necesitaba medicamento para controlar su leve Alzheimer desde los 52 años, ahora tenía 55. —Ohh... Al parecer sí —Rió. —Anda, ve a tomarlas. No quiero que olvides donde dejaste tu cabeza. —¿Dónde, qué? —Preguntó confusa. —Olvidalo mamá, ve por tus pastillas y prepara el desayuno. —Si, hijo. «Diablos... Que flojera» Se dijo. Miró su celular y vió un mensaje de Jack, su único amigo, invitándolo a jugar baloncesto. Se levantó de la cama y se vistió lentamente. Bajó las escaleras hasta la cocina de su madre y se sentó en la mesa. —¿Qué preparaste, madre? —Preguntó innecesariamente, pues podía oler el jamón y los huevos de la estufa. —Jamón y huevos, Sam. —Perfecto. Tras desayunar, se levantó de la mesa y se dirigió a la calle. Vestía unos jeans negros con una camisa blanca y una sudadera negra. Llevaba puesto el gorro y unos audífonos. Caminaba entre las calles mientras miraba a los niños pasear en sus bicicletas y a los padres vigilarlos de lejos. Pensaba cómo el mundo era tan repetitivo siempre. La simple razón de pensar "Mañana será otro día" lo dejaba confundido, pues a fin de cuentas el día era igual que el anterior. «Ah este mundo le hace falta algo innovador, y no simplemente celulares ni tecnologías nuevas... Algo en que centrarse además de tan solo el trabajo, la casa y el parque.» Pensó mientras los miraba. De pronto, por ir mirando a otro lado, chocó con alguien. —Vaya, con cuidado, Sammuel —Le dijo. —Ah, Eduard, ¿Que tal? —Contestó mientras se quitaba un audífono. —Bien, gracias. Regresaba del restaurante donde almorcé. ¿Tu vas a algún lado? Vestía un saco n***o con un pantalón de vestir del mismo color y una corbata roja. —Iba a... Jugar baloncesto. ¿Vienes?, estará Jack también. —Jack Brandon Gutierrez —Dijo con un tono de odio— No, Sam, gracias. Tengo prisa... Debo... Irme. Hasta luego. —Nos vemos. Sam llegó a la cancha de baloncesto y ya estaban jugando. —¡Eh, Wey! —Gritó uno de los jugadores— ¡Llegó tu amigo el gringo, Sam! —Hola, Rogelio. —Saludó Sammuel. —¡Hea! —Dijo Jack— ¡Hasta que llegas vato! —No puse despertador, lo siento. Empezaron a jugar el primer tiempo de quince minutos y Sam no encestó ninguno. Se sentaron un momento a descansar y comenzó a asfixiarse. —¡Venga, Sam! Tomale a tu madre esa. No quiero que te desplomes aquí. —Claro —Dijo mientras tosía— Gracias por recordar —Dijo con sarcasmo. Sacó su inhalador y absorbió 3 veces. Pronto sus pulmones de nuevo reaccionaron bien. —¿Oíste lo de las noticias, wey? —Le preguntó Jack. —No, ¿Qué cosa? —Preguntó confundido. —Dicen que Flamante hará otro atentado. —¿Enserio? Era de esperarse... —¡Pero ellos mismos lo confesaron, cabron! Eso es alarmante. —¿En qué país lo harán? —No, no es por países, Samuelito. —¿Entonces? —Dijieron que será en cada continente. —Están locos —Bufó. —Tu sabes lo que hicieron hace dos años en el puente de San Fransisco, mano. —Pero pues... —¡Nah, nah! Yo te recomendaría tener un botiquin en la mano, wey, neta. Por si acaso. —Está bien, Brandon, gracias por avisarme. —¡Hey, niñas! —Gritó Rogelio— ¡Venga! ¡Que empiece el siguiente tiempo! Terminaron el partido 46-44 a favor del equipo enemigo de Sammuel. —¿Vienes, Jack? —Preguntó Sam mientras salía de la cancha. Vivían en el mismo edificio. —Gracias, Sam. Me iré con ellos. Nos vemos luego. Hizo un gesto afirmativo con la cabeza y se fue. Pasó por una tienda de televisiones y en la pantalla tenían el noticiario donde decían lo de la organización terrorista Flamante. Lo supo porqué aparecía una mano sugetando una antorcha en llamas, era su emblema. «Bola de lunáticos» Pensó. Estaba a dos cuadras de su departamento cuándo de la tienda de disfraces del señor Gabriel, saltó un sujeto con una máscara puesta espantándo a Sammuel. —¡Diablos! —Gritó. El sujeto rió mientras se quitaba la máscara. Era él, el señor Gabriel. —¡Compra tu máscara para este día de brujas, niño! —Le dijo con su voz dura. —Señor Gabi, me asustó. —Fue lo único que dijo mientras lo rodeaba y seguía avanzando. —¡Cierto, Sam! Olvidé tu asma —Respondió. Pasó varias calles más hasta que llegó de nuevo a su edificio. Era una estructura de doce pisos, Sammuel vivía en el séptimo. Subió por el ascensor y llegó a su departamento, el número 28. Su madre yacía dormida en el sofá con la televisión encendida. Estaba en el noticiario vespertino, entrevistaban a gente que compraba sus disfraces para el 31 de octubre, que era al día siguiente. —Maldita vida aburrida... —Susurró mientras se sentaba y encendía su consola de videojuegos. Pensó en el día siguiente, el día de brujas. Al menos era algo un poco diferente en cuanto a la rutina diaria. Niños afuera, casa por casa, no departamentos ni edificios grandes por desgracia para su madre, pidiendo dulces y tratando de espantar a los demás con un buen disfraz. Necesitaba algo fuera de lo común, quizá el día de brujas sería mejor que otros días. Quizá su fuego interior que arde de ganas de poder ver algo diferente sea saciado. Al menos un día solamente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD