CALEB Durante cuatro años planeé esta noche. Cuatro años soñando con el momento en que todas las estrellas se alinearían y el tiempo sería perfecto. Terminó la universidad. Pasó tres meses viajando, divirtiéndose. Ahora está aquí, de vuelta en Boston. Todo avanzaba tal como lo había planeado. Aparecería aquí esta noche. La miraría a los ojos. Y bam. Esa chispa. Esa energía que fluye entre nosotros sin esfuerzo. Seguiría ahí. Más fuerte. Más brillante que nunca. Y ella olvidaría o me perdonaría al instante por todas las cosas horribles que le dije aquella noche, hace cuatro años. Pero la mirada de «quiero cortarte las pelotas, freírlas en aceite hirviendo y luego dártelas de comer» en sus ojos me dice que no voy a recibir mi deseo de cuento de hadas. Que todos mis planes están a punto

